Desde mayo no habrá avisos de carne, autos a nafta ni vuelos en espacios públicos.
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La ciudad de Ámsterdam prohibirá desde el 1° de mayo la publicidad de carne y productos vinculados a combustibles fósiles en espacios públicos y transporte urbano. La decisión convierte a la capital neerlandesa en la primera del mundo en incorporar la carne dentro de este tipo de restricciones ambientales.
La medida, aprobada por el Concejo Municipal e impulsada por los partidos GroenLinks y el Partido por los Animales, alcanza a anuncios de combustibles fósiles, vuelos, cruceros, automóviles a nafta o diésel y productos cárnicos. El veto regirá sobre cartelería urbana y la red de transporte público.
Desde mayo no habrá avisos de carne, autos a nafta ni vuelos en espacios públicos.
El argumento oficial que la política publicitaria debe ser coherente con los compromisos climáticos asumidos en el Acuerdo de París. Organizaciones ambientalistas comparan la iniciativa con las restricciones al tabaco aplicadas décadas atrás. Sostienen que no se puede combatir el cambio climático mientras se promueven, en la vía pública, bienes considerados “altamente contaminantes”.
La discusión no es nueva. Ámsterdam había presentado una moción en 2020 para limitar lo que definió como “excesos” de publicidad insustentable. Ahora dio un paso más allá al incluir la carne dentro de la prohibición, ampliando el alcance respecto de otras ciudades.
En La Haya, por ejemplo, ya rige desde 2025 una norma que prohíbe la publicidad de productos de alto impacto en carbono. Otras ciudades neerlandesas como Utrecht, Delft o Nijmegen aplican restricciones similares. A nivel nacional, Francia sancionó en 2022 una ley climática que prohíbe la publicidad de energías fósiles en todo el territorio, con multas que pueden alcanzar los 100.000 euros.
El debate también llegó a organismos internacionales. El secretario general de la ONU, António Guterres, llamó en 2024 a prohibir la publicidad de la industria de combustibles fósiles a nivel global, al considerar que contribuye a la desinformación climática.
Desde mayo no habrá avisos de carne, autos a nafta ni vuelos en espacios públicos.
No obstante, la medida genera tensiones políticas. La vicealcaldesa Melanie van der Horst pidió un “período de transición razonable” para la implementación. A nivel nacional, la ministra climática neerlandesa Sophie Hermans rechazó una prohibición general en todo el país y defendió que este tipo de decisiones se adopten a escala local.
El trasfondo es más amplio que la cartelería. Diversos estudios citados en el debate sostienen que la publicidad no solo refleja hábitos de consumo, sino que los normaliza y los incentiva. Para sus defensores, limitar estos anuncios envía una señal cultural y política. Para sus críticos, se abre un terreno delicado en materia de libertad comercial y límites regulatorios.