La crisis migratoria que asola al continente europeo, alimentada durante años por políticas laxas de fronteras abiertas, ha encontrado un freno contundente en el corazón político de la Unión Europea. En un contexto europeo que finalmente se ve obligado a endurecer sus directrices para acelerar los retornos de quienes carecen del derecho a permanecer en el territorio, Bélgica ha decidido liderar con el ejemplo y aplicar la firmeza que sus ciudadanos exigen.
Este 28 de agosto, la capital, Bruselas, se convirtió en el escenario de una acción de seguridad nacional sin precedentes, reportada originalmente por el periodista Unai Cano, que redefine la lucha contra la inmigración ilegal. La Oficina de Inmigración belga diseñó y ejecutó un plan estratégico sumamente efectivo para localizar y procesar a extranjeros en situación irregular que se encontraban burlando los controles estatales.














