En el marco de la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Nueva York, el plenario presenció el choque irreconciliable entre la valentía de las naciones soberanas y la deserción diplomática promovida por bloques multilaterales. Al momento en que el primer ministro del Estado de Israel, Benjamin Netanyahu, ingresó al estrado para pronunciar su histórico discurso, fue recibido con una hostilidad coordinada y abucheos por parte de sectores refractarios que jamás repudiaron con igual firmeza al régimen terrorista iraní.
Promovida directamente por la Misión Palestina ante la ONU, se ejecutó una retirada masiva de delegaciones diplomáticas que dejó semidesiertas las bancas del recinto, mientras el presidente del organismo, Khalilur Rahman, intentaba vanamente restablecer el orden institucional.
Lejos de amedrentarse ante el salón semidesierto, Benjamin Netanyahu fulminó el boicot desafiando abiertamente a los presentes: “Si hay algún otro cobarde que no haya salido de la sala, que lo haga ahora”. Acto seguido, calificó a los funcionarios salientes de “cobardes morales” y remarcó la hipocresía del foro multilateral sentenciando: “Al defenderse a sí mismo, Israel está defendiendo a muchos países cuyos delegados han abandonado ahora la sala. Muchos de sus líderes incluso nos dan las gracias de manera privada por acabar con las armas nucleares de Irán”.
Estructurando el eje central de su exposición en la erradicación de la amenaza atómica de Teherán, Benjamin Netanyahu recordó su trayectoria histórica en el organismo manifestando: “Hace 14 años comparecí aquí y marqué un límite. Me comprometí a evitar que la dictadura asesina de Irán desarrollara bombas atómicas, armas con el objetivo de destruir Israel. Esto es exactamente lo que hicimos”. Al justificar las determinaciones militares de su administración frente al programa nuclear iraní, el premier enfatizó: “Arrasar con el programa nuclear de Irán fue difícil, pero para mí fue una de las decisiones más fáciles que tuve que tomar como primer ministro. Si no lo hubiese hecho, estaríamos todos muertos”.














