El cálculo de Trump sobre el liderazgo en Venezuela y el rol de María Corina Machado
Corina Machado en campaña por la presidencia
porRedacción
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Un informe de NYT detalló los motivos estratégicos por los que Trump decidió no respaldar a Corina Machado como reemplazo de Maduro
La administración de Donald Trump resolvió no respaldar políticamente a María Corina Machado como eventual reemplazo de Nicolás Maduro. La decisión se dio tras una evaluación interna sobre los riesgos de una mayor intervención de Estados Unidos en Venezuela.
La conclusión no estuvo vinculada a un supuesto "rencor" por el ganador del Premio Nobel de la Paz, como se dijo en redes sociales, sino a un análisis estratégico sobre costos, estabilidad y capacidad real de la oposición.
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En primer lugar, Trump fue persuadido por altos funcionarios de su gobierno, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio. Estos advirtieron que un respaldo explícito a la oposición podía generar una mayor desestabilización y obligar a Washington a ampliar su presencia militar en el país vecino.
Un informe de inteligencia clasificado de la CIA coincidía con ese diagnóstico. La Casa Blanca consideró que no estaba dispuesta a comprometer más recursos luego de la operación que derivó en la captura de Maduro.
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Evaluaciones divergentes sobre la fortaleza del régimen
Otro de los puntos señalados por el diario estadounidense fue la creciente frustración de funcionarios norteamericanos con las evaluaciones que recibían de Machado sobre la fortaleza del régimen chavista. En Washington comenzaron a surgir dudas sobre la precisión de esos diagnósticos, y sobre la capacidad efectiva de la oposición para concretar un cambio de poder.
Desde la óptica de la administración Trump, la situación venezolana requería no sólo voluntad política, sino también un liderazgo capaz de leer con claridad la coyuntura y de manejar los tiempos políticos en un escenario extremadamente complejo.
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El rol de Grenell y las gestiones inconclusas
En ese contexto, Richard Grenell, enviado especial de Trump, mantuvo reuniones con representantes de Machado. Durante esos contactos solicitó dos elementos concretos: una reunión presencial con la dirigente opositora en Caracas y una lista de presos políticos cuya liberación Estados Unidos pudiera exigir al régimen.
Sin embargo, la reunión nunca se concretó y la lista solicitada no fue presentada. Machado, pese a las garantías de seguridad ofrecidas por la delegación estadounidense, decidió no reunirse con Grenell. Con el paso del tiempo, esta falta de avances fue deteriorando la relación entre ambas partes y redujo el margen de acción diplomática de Washington.
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El escenario electoral y la falta de un plan definido
Tras la inhabilitación de Machado, Grenell también presionó para que se detallara un plan claro para llevar al poder al candidato sustituto, Edmundo González. Según las fuentes citadas por el NYT, la ausencia de una estrategia concreta para garantizar que un eventual triunfo electoral se tradujera en una transición real generó escepticismo en la Casa Blanca.
Funcionarios estadounidenses consideraron que la presión internacional, sin un plan político bien definido dentro de Venezuela, no alcanzaba para forzar un cambio de régimen. En especial, ante un gobierno dispuesto a desconocer resultados electorales adversos.
Corina Machado en campaña por la presidencia
Sanciones, diálogo y tensiones internas
El informe también destaca las diferencias sobre el enfoque hacia las sanciones y el diálogo. El rechazo categórico de Machado a cualquier tipo de contacto con el gobierno de Maduro limitó su capacidad de construir una coalición más amplia, tanto a nivel interno como internacional.
Además, su apoyo inequívoco a las sanciones económicas deterioró su vínculo con sectores empresariales venezolanos que, tras décadas de chavismo, habían establecido mecanismos de supervivencia bajo el régimen. Para Washington, ese factor también incidía en la viabilidad de un eventual proceso de transición.
Los asesores económicos de Machado llegaron a sostener que cada dólar que ingresaba a Venezuela fortalecía al régimen. Aquella postura terminó alejando a actores de la sociedad civil que operan dentro del país y que buscan mejorar las condiciones de vida sin confrontar abiertamente con el poder.
El diagnóstico final en Washington
El politólogo Orlando J. Pérez, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte de Texas, sintetizó el diagnóstico que predominó en Estados Unidos. "La oposición venezolana no controla instituciones ni posee palancas reales de poder, y sin asistencia externa directa sus posibilidades de acceder al gobierno son limitadas."
Bajo ese escenario, Trump optó por una estrategia prudente y pragmática. Priorizó el control de costos, la estabilidad regional y los intereses estratégicos de Estados Unidos, antes que un respaldo político sin garantías de resultados concretos.