Funcionarios estadounidenses consideraron que la presión internacional, sin un plan político bien definido dentro de Venezuela, no alcanzaba para forzar un cambio de régimen. En especial, ante un gobierno dispuesto a desconocer resultados electorales adversos.

Sanciones, diálogo y tensiones internas
El informe también destaca las diferencias sobre el enfoque hacia las sanciones y el diálogo. El rechazo categórico de Machado a cualquier tipo de contacto con el gobierno de Maduro limitó su capacidad de construir una coalición más amplia, tanto a nivel interno como internacional.
Además, su apoyo inequívoco a las sanciones económicas deterioró su vínculo con sectores empresariales venezolanos que, tras décadas de chavismo, habían establecido mecanismos de supervivencia bajo el régimen. Para Washington, ese factor también incidía en la viabilidad de un eventual proceso de transición.
Los asesores económicos de Machado llegaron a sostener que cada dólar que ingresaba a Venezuela fortalecía al régimen. Aquella postura terminó alejando a actores de la sociedad civil que operan dentro del país y que buscan mejorar las condiciones de vida sin confrontar abiertamente con el poder.
El diagnóstico final en Washington
El politólogo Orlando J. Pérez, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte de Texas, sintetizó el diagnóstico que predominó en Estados Unidos. "La oposición venezolana no controla instituciones ni posee palancas reales de poder, y sin asistencia externa directa sus posibilidades de acceder al gobierno son limitadas."
Bajo ese escenario, Trump optó por una estrategia prudente y pragmática. Priorizó el control de costos, la estabilidad regional y los intereses estratégicos de Estados Unidos, antes que un respaldo político sin garantías de resultados concretos.













