La Justicia del Reino Unido condenó este 1 de junio a cadena perpetua con una pena mínima de 21 años de prisión a Vickrum Digwa, el inmigrante indio de 23 años que asesinó brutalmente a Henry Nowak, un estudiante británico de 18 años atacado en diciembre de 2025 en la ciudad de Southampton.
El tribunal dispuso que el condenado deberá cumplir un mínimo de 21 años de prisión antes de poder acceder a la libertad condicional.
El fallo pone fin al proceso judicial de un caso que no solo impactó por la violencia del crimen, sino también por la polémica que se generó en torno a la actuación inicial de la policía en el lugar de los hechos.
El indio condenado.
El caso
El homicidio ocurrió el 3 de diciembre de 2025, cuando Nowak fue apuñalado en plena vía pública con un cuchillo ceremonial.
De acuerdo con lo expuesto durante el juicio, Digwa atacó a la víctima en reiteradas ocasiones, provocándole heridas de gravedad, incluida una puñalada en el pecho que resultó mortal. Testimonios incorporados a la causa señalaron que el agresor llegó a gritar “soy un hombre malo” antes de concretar el ataque.
Durante el proceso, el acusado intentó sostener que se trató de un caso de supuesta "legítima defensa", con la falsa excusa de que Nowak lo había agredido previamente con "insultos racistas", algo que se demostró que nunca ocurrió.
Uno de los puntos más controvertidos del caso se produjo tras la llegada de los primeros policías al lugar del hecho y su repudiable accionar.
Henry Nowak, el joven británico asesinado.
Cuando llegaron los servicios de emergencia, Digwa inventó que Nowak le había quitado el turbante, lo había golpeado y le había proferido insultos racistas.
Creyendo el relato de Digwa, los oficiales arrestaron al joven de 18 años, que agonizaba mientras se ahogaba con su propia sangre y suplicaba que no podía respirar. Nowak perdió el conocimiento poco después de ser inmovilizado y falleció en el lugar. Esta secuencia generó una fuerte repercusión pública y cuestionamientos contra la policía.
Posteriormente, las autoridades reconocieron errores en el procedimiento y emitieron disculpas, al tiempo que se inició una investigación interna para determinar responsabilidades, aunque sin calmar el enojo de la sociedad.
El caso también derivó en otras condenas. Digwa fue hallado culpable por portar un arma blanca en la vía pública, mientras que su madre fue condenada por encubrimiento, luego de comprobarse que retiró el arma utilizada en el crimen para intentar esconderla.
Con la sentencia dictada este 1 de junio, la Justicia cierra uno de los casos más impactantes de los últimos meses en el Reino Unido.