Entre los países que podrían verse afectados se encuentran China, Emiratos Árabes Unidos, India y Turquía, todos ellos actores clave en el comercio iraní. Dado el peso del mercado estadounidense en la economía global, la medida obliga a estas naciones a reconsiderar sus vínculos con Teherán si desean evitar sanciones comerciales significativas por parte de Washington.
La nueva política se produce en un contexto de fuerte inestabilidad interna en Irán. Las protestas contra el gobierno, que entran en su tercera semana, reflejan un creciente descontento social y han sido respondidas con medidas represivas por parte de las autoridades iraníes.
Desde la Casa Blanca, la medida es vista como una forma de debilitar la capacidad económica del régimen para sostener su aparato de control interno y su influencia regional.













