En un movimiento que refleja un cambio estratégico en la política exterior, funcionarios de alto nivel de Estados Unidos viajaron a La Habana para discutir posibles reformas económicas y políticas en Cuba, en el marco de una iniciativa impulsada por la administración de Donald Trump. El objetivo: forzar cambios en un régimen que atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente.
La delegación estadounidense mantuvo reuniones reservadas con autoridades cubanas, en las que dejó un mensaje claro: el sistema actual es insostenible y existe una ventana limitada para implementar reformas antes de que la situación se deteriore aún más.
El contexto no podría ser más crítico. Cuba enfrenta una profunda crisis económica, con escasez de energía, inflación y caída de la producción, agravada tras la interrupción de suministros clave desde países aliados. Frente a este escenario, la presión de Washington aparece como un factor determinante para empujar cambios estructurales que el régimen ha evitado durante décadas.












