España asiste a una nueva y sangrienta muestra de la inmigración descontrolada que azota a Europa. Los hechos, que han conmocionado a la capital vizcaína, se desencadenaron el pasado viernes a media tarde en un entorno que debería ser seguro: un ascensor público que conecta la plaza de la Encarnación, en el área de Atxuri, con el barrio de Santutxu.
La pesadilla comenzó cuando un joven magrebí, ya conocido por las fuerzas de seguridad por su historial delictivo y antecedentes por violencia, accedió al ascensor portando un parlante a gran volumen. Ante la lógica petición de la mujer para que moderase el ruido, la respuesta del individuo fue un despliegue de odio y machismo cultural radical, contestando: "Eres mujer, no puedes darme órdenes".

La agresión, marcada por una física de gran intensidad, se trasladó del interior del ascensor a la vía pública, concretamente a la calle Zabalbide. El atacante no mostró piedad alguna: empujó a la anciana con tal violencia que le provocó una fractura de clavícula al impactar contra el suelo, una lesión grave que requerirá una intervención quirúrgica inminente.
Lejos de detenerse, el agresor se ensañó con el marido, quien intentó defender a su esposa, sometiéndolo a una maniobra de estrangulamiento mientras le presionaba el cuello. Durante el forcejeo, el delincuente llegó a propinarle golpes en el rostro y un mordisco que le causó una herida sangrante en el brazo.









