Su hermano Ariel, fue secuestrado junto a su novia Arbel Yehud, quien recién recuperó la libertad en febrero, mientras que su pareja continúo en cautiverio. Antes de ser capturado, logró enviar un mensaje a su hermano: “Estamos en una película de terror”, escribió.
Ambos hermanos vivían en el kibutz Nir Oz, una de las comunidades israelíes más golpeadas por el ataque terrorista del 7 de octubre. Allí mismo, su abuela Ester Cunio, también argentina, sobrevivió de milagro cuando dos miembros de Hamas irrumpieron en su casa y le exigieron información. Incapaz de comunicarse, les dijo: “Yo hablo en argentino, en castellano”.
En medio de esa situación Ester explicó: “yo soy de donde Messi”. La actitud del terrorista cambió completamente cuando la escuchó: “¡A mí me gusta Messi!”, le dijo. Tras escuchar el nombre del futbolista, el secuestrador modificó su proceder, le apoyó un brazo en el hombro, le entregó sus armas y posaron juntos para una fotografía.

Hoy todo ese dolor y aquellas situaciones traumáticas tienen un cierre para encontrar algo de paz.
















