De acuerdo con el informe, al menos 11 aeropuertos, entre ellos Logan (Boston), O’Hare (Chicago) y JFK (Nueva York), fueron instados o presionados para habilitar terminales, hangares o edificios auxiliares.
Funcionarios de la FAA reconocieron que este uso no convencional de instalaciones aeroportuarias normalmente requeriría una autorización formal debido a las reglas de subvenciones federales, pero el comité afirma que dichas normas fueron ignoradas ''la mayor parte del tiempo'', lo que, según los investigadores, expuso vulnerabilidades de seguridad evitables.
Las advertencias de los propios aeropuertos tampoco habrían detenido la medida. Massport, operador de Boston Logan, alertó de que la infraestructura ''no está diseñada ni equipada'' para manejar la recepción de migrantes y que la decisión podría crear consecuencias de seguridad. Aun así, hasta 352 migrantes pasaron la noche en la Terminal E, generando gastos cercanos a los 780.000 dólares solo en seguridad, limpieza y transporte.













