El gabinete de seguridad de Israel aprobó recientemente un plan para ampliar su ofensiva militar en la Franja de Gaza, con objetivos clave como la captura total del territorio, la permanencia de tropas israelíes, el desplazamiento de la población gazatí hacia el sur y la intensificación de los ataques contra el grupo islamista Hamás.
Esta decisión, tomada de forma unánime por los ministros encabezados por el primer ministro Benjamin Netanyahu, se produce en un contexto de recrudecimiento del conflicto.
El jefe del Estado Mayor israelí, el teniente general Eyal Zamir, anunció el llamado a decenas de miles de reservistas para reforzar las operaciones. Zamir aseguró que el objetivo es aumentar la presión militar con el fin de liberar a los rehenes israelíes aún en manos de Hamás y destruir su infraestructura militar.

Desde el reinicio de la ofensiva el 18 de marzo, Israel ha intensificado los bombardeos aéreos y las incursiones terrestres, argumentando que esto busca obligar a Hamás a liberar a los 58 rehenes que aún retiene desde el ataque del 7 de octubre de 2023.
El ataque inicial de Hamás en octubre causó la muerte de 1.218 personas, en su mayoría civiles, y resultó en el secuestro de 251 personas. En respuesta, la ofensiva israelí ha causado más de 52.500 muertes en Gaza, según el sesgado Ministerio de Salud del enclave, controlado por Hamás.
Además, Israel planea tomar el control total de la distribución de ayuda humanitaria, reemplazando a las agencias internacionales por empresas privadas. Estas medidas se justifican para evitar que Hamás se apropie de los suministros y preservar la seguridad de sus tropas y ciudadanos.










