Distritos escolares de varias ciudades profundamente demócratas están registrando un marcado descenso en la llegada de estudiantes hijos de inmigrantes ilegales, una tendencia que coincide con la implementación de las políticas migratorias del presidente Donald Trump y que confirma la efectividad de su agenda para frenar la inmigración ilegal.
El caso más llamativo se encuentra en Miami-Dade, Florida, donde este año ingresaron solo 2.550 estudiantes hijos de inmigrantes ilegales, una disminución abrupta frente a los 14.000 registrados durante el último año de la administración Biden y los 20.000 del año anterior. Para autoridades locales, la caída representa un giro sin precedentes tras años de crecimiento acelerado en la matrícula impulsado por la llegada de familias sin estatus legal.













