El ataque armado ocurrido durante una celebración de Hanukkah en Bondi Beach, que dejó al menos 15 muertos y decenas de heridos, llevó al gobierno australiano a anunciar una revisión inmediata de su ya estricto sistema de control de armas.
Esta respuesta del primer ministro socialista Anthony Albanese fue recibida con duras críticas de líderes comunitarios y sectores políticos, que cuestionan la baja eficacia de las medidas vigentes y acusan al Ejecutivo de actuar de forma tardía frente al aumento del antisemitismo y los riesgos asociados a la tenencia legal de armas.
El tiroteo se produjo el domingo al final de una jornada de verano en una de las playas más concurridas del país. Miles de personas se encontraban en el lugar, entre ellas cientos que participaban en el evento ''Chanukah by the Sea'', una celebración familiar con actividades para niños.

Entre las víctimas fatales se encuentran una niña de 10 años, un rabino, un sobreviviente del Holocausto y ciudadanos de Israel y Francia. Al menos 38 personas permanecen hospitalizadas, incluidos dos agentes de policía.
Tras la masacre, Albanese calificó el ataque como un acto de terrorismo antisemita y anunció propuestas para endurecer la legislación, entre ellas limitar el número de armas que una persona puede poseer, revisar periódicamente las licencias y restringir la tenencia de armas a ciudadanos australianos. También se planteó reforzar el uso de inteligencia criminal en la evaluación de solicitudes de licencias.
No obstante, las críticas se intensificaron luego de que el primer ministro confirmara que la agencia de inteligencia interna había investigado al hijo en 2019 por sus vínculos con personas asociadas al extremismo islámico, aunque en ese momento concluyeron que no representaba una amenaza directa.










