Cientos de mexicanos marcharon para exigir justicia y denunciar la corrupción bajo la gestión del gobernador morenista Alfredo Ramírez Bedolla.
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El 2 de noviembre, mientras México celebraba el Día de Muertos, Michoacán volvió a teñirse de sangre y protesta. Miles de ciudadanos se concentraron en Morelia para exigir justicia por el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ultimado durante un acto público. Su muerte, séptimo caso de un edil asesinado bajo la administración de Alfredo Ramírez Bedolla (Morena), encendió la indignación popular contra la violencia y la impunidad.
Convocados bajo el lema “Ya basta de abusos y omisiones”, los manifestantes marcharon desde la Plaza María Morelos y Pavón hasta la Catedral de Morelia, al grito de “¡Carlos no murió, el gobierno lo mató!” y “¡Fuera Morena!”. En redes sociales, la convocatoria se viralizó como un llamado a la unidad nacional frente a la corrupción y la complicidad del poder con el crimen organizado.
Miles de patriotas mexicanos en protesta tras el asesinato del alcalde de Uruapan.
A medida que avanzaba la marcha, el enojo ciudadano se transformó en una denuncia política. “Claudia no escuchó y el gobierno lo mató”, coreaban los participantes, señalando a la virtual sucesora del oficialismo, Claudia Sheinbaum, como responsable del clima de impunidad que atraviesa al país. El C5 de Michoacán registró el paso de los contingentes por la Avenida Francisco I. Madero Poniente, mientras se reportaban cortes de tránsito y tensión creciente.
La movilización tuvo un mensaje claro: el pueblo mexicano ya no confía en las promesas de “transformación” de la izquierda. En palabras de un manifestante: “No se trata de religión ni de partidos, se trata de justicia. Uruapan no está solo”.
Hacia el final de la jornada, la protesta se tornó caótica. Cientos de ciudadanos derribaron la puerta del Palacio de Gobierno en Morelia y exigieron la revocación de mandato del gobernador Bedolla, a quien acusan de haber permitido el avance del crimen organizado en la región. En redes sociales circularon videos donde se observan bancas incendiadas, accesos forzados y partes del edificio en llamas. Aunque los daños no fueron confirmados oficialmente, las imágenes reflejaron la magnitud del descontento.
Miles de patriotas mexicanos en protesta tras el asesinato del alcalde de Uruapan.
La policía estatal respondió con gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. Reporteros locales denunciaron que el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana habría eliminado material audiovisual del operativo, intentando borrar pruebas de la represión.
El asesinato de Carlos Manzo fue el detonante de la revuelta. El gabinete de seguridad estatal aseguró que el crimen “no quedará impune” y confirmó la detención de dos sospechosos, uno de los cuales murió posteriormente. Las autoridades también informaron que el arma utilizada está vinculada a grupos delictivos que operan en la región.
El cortejo fúnebre del alcalde fue acompañado por familiares, amigos y su caballo, hasta la plaza principal de Uruapan, donde se realizó un homenaje póstumo bajo un fuerte operativo de seguridad. Lejos de calmarse, la indignación continúa. En redes sociales, los organizadores anunciaron una nueva movilización para el 15 de noviembre, con el objetivo de sostener el reclamo por justicia y denunciar la corrupción del gobierno estatal.
Los manifestantes insisten en que su causa trasciende colores políticos, pero el mensaje fue inequívoco: el modelo de seguridad de Morena ha fracasado. Con siete alcaldes asesinados en una sola gestión, Michoacán se ha convertido en un símbolo de la descomposición del poder bajo el dominio de la izquierda.