Además, el enfoque de “impuesto global” colisiona con la soberanía fiscal: no hay parlamentos nacionales votando una carga que afectará a consumidores y empresas en todo el mundo, sino un diseño multilateral que pretende imponer tasas desde un organismo internacional. Ese diseño, para EE.UU., deriva en burocracia climática sin control democrático y en transferencias opacas con destino incierto.
Qué implica para Argentina y la región
La resistencia al impuesto global se extiende en América Latina. Esta semana, Paraguay rechazó oficialmente la propuesta durante las discusiones en la OMI. Según informó Diario Hoy Paraguay, el país la considera “una amenaza directa a la soberanía nacional y a la competitividad del comercio regional”, alineándose de hecho con la posición de Estados Unidos.












