EEUU profundiza su ofensiva contra el régimen cubano mientras Trump deja en claro que todas las opciones, incluida una intervención, siguen abiertas para forzar un cambio político en la isla.
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En medio de un escenario internacional marcado por conflictos y reconfiguraciones geopolíticas, Estados Unidos intensifica su postura frente a Cuba, combinando presión económica, señales diplomáticas y la preparación de escenarios militares como parte de una estrategia integral. Según reveló el medio USA Today, el Pentágono ha comenzado a reforzar discretamente la planificación de una posible operación militar en la isla, en caso de que el presidente Donald Trump decida avanzar con una intervención directa. La información, basada en dos fuentes que hablaron bajo condición de anonimato, indica que si bien no existe una decisión final, el escenario cubano ya forma parte activa de la planificación estratégica del Departamento de Defensa.
Estas directivas surgen en el marco de una escalada de tensiones iniciada en enero, cuando la administración Trump implementó restricciones al envío de petróleo hacia Cuba, como parte de una ofensiva destinada a forzar cambios políticos radicales en el régimen gobernado por el Partido Comunista. En paralelo, el propio Pentágono aseguró en un comunicado que permanece preparado para ejecutar cualquier orden presidencial y contempla múltiples contingencias.
El presidente, Donald J. Trump
Las primeras filtraciones sobre estos planes aparecieron en el boletín de Substack del medio Zeteo, bajo el título “¿Cuba es la siguiente?”, y rápidamente se expandieron por el Capitolio y distintos círculos políticos en Washington, alimentando especulaciones sobre un posible endurecimiento aún mayor de la política exterior estadounidense.
A pesar de este clima, funcionarios de ambos países han reconocido que existen contactos preliminares para intentar resolver la crisis, e incluso en marzo se reportaron conversaciones para un posible acuerdo económico histórico, aunque sin avances concretos hasta el momento.
Sin embargo, el tono del propio Trump ha sido determinante en la construcción del escenario. El mandatario ha dejado en claro su enfoque al afirmar que espera el “honor” de “tomar Cuba, de alguna forma”, agregando: “Ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer lo que quiera con ella”. El 13 de abril, desde la Casa Blanca, reforzó esa idea al declarar a USA Today: “Quizás hagamos una parada en Cuba cuando terminemos con esto”, en referencia al conflicto en curso con Irán.
Mientras tanto, desde La Habana, el régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel endureció su retórica. En una entrevista con Newsweek, el mandatario aseguró: “Lucharemos, nos defenderemos, y si caemos en la batalla, morir por la patria es vivir”, en un mensaje dirigido tanto al frente interno como a Washington.
El trasfondo de esta tensión incluye un episodio reciente que sacudió a la región: la operación encubierta estadounidense del 3 de enero en Caracas, que logró extraer al dictador venezolano Nicolás Maduro de su complejo militar. Durante el operativo, murieron 32 militares cubanos que custodiaban al líder venezolano, un hecho que generó conmoción en las comunidades de exiliados en el sur de Florida y reforzó la percepción de que Cuba podría ser el próximo objetivo.
Estados Unidos de América
A pesar de algunas declaraciones moderadoras —como la del jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, quien en marzo negó ante el Congreso que existan preparativos para una “toma de Cuba”—, lo cierto es que la combinación de presión económica, retórica política y planificación militar evidencia un cambio de ritmo en la política estadounidense hacia la isla.
Este endurecimiento no es aislado: se inscribe en una estrategia más amplia de la administración Trump para reposicionar a Estados Unidos como actor dominante en el hemisferio occidental, desafiando abiertamente a regímenes aliados con viejas estructuras ideológicas.
Así, aunque una intervención no está confirmada, la opción militar permanece sobre la mesa, consolidándose como una herramienta de presión real en un tablero donde Washington parece decidido a redefinir el futuro político de Cuba.