El régimen chino volvió a intervenir su economía. Esta vez, fijó precios máximos al combustible para contener el impacto del alza del petróleo, impulsada por la guerra en Medio Oriente.
La medida fue anunciada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC). Según el gobierno, el objetivo es evitar que la suba internacional del crudo golpee de lleno a consumidores y empresas.
Sin embargo, el movimiento también expone las debilidades del modelo chino, que depende de controles estatales para amortiguar shocks externos.
Cómo funcionan los nuevos topes a la gasolina y el diésel
El ajuste autorizado eleva el precio de la gasolina en 1.160 yuanes por tonelada. En el caso del diésel, la suba será de 1.115 yuanes.
Pero estos aumentos están artificialmente limitados. Representan cerca de la mitad de lo que hubiera correspondido según el sistema de mercado.
Sin intervención, la gasolina habría subido 2.205 yuanes por tonelada. El diésel, 2.120 yuanes.

Un sistema que depende del control estatal
La decisión marca un hecho inusual. Es la primera intervención de este tipo desde 2013, cuando China estableció su esquema actual de precios.
En condiciones normales, los combustibles se ajustan según el valor internacional del petróleo. Pero la escalada del conflicto en Medio Oriente alteró ese mecanismo.
El barril superó los 100 dólares en varios momentos recientes. La tensión en el estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura energética generaron incertidumbre global.
Frente a ese escenario, Beijing optó por intervenir directamente, en lugar de permitir que el mercado refleje los precios reales.










