El gobierno de Vladimir Putin profundizó en las últimas semanas su estrategia de control social mediante un endurecimiento sin precedentes de la censura digital en Rusia. Desde marzo, millones de ciudadanos comenzaron a sufrir bloqueos masivos en internet móvil que afectan servicios esenciales como pagos electrónicos, aplicaciones bancarias, sistemas de mapas, plataformas educativas y mensajería privada.
El Kremlin pasó de bloquear sitios específicos a limitar directamente el acceso general a internet, habilitando únicamente un conjunto reducido de servicios autorizados mediante listas blancas. En la práctica, esto implica que gran parte de la información independiente y las plataformas globales quedan fuera del alcance de la población.













