La geopolítica mundial asiste a una reconfiguración histórica liderada por el sentido común, el capitalismo y la soberanía. En este nuevo mapa de poder, la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido atraviesa su peor momento histórico. El motivo es la desastrosa diplomacia del gobierno laborista británico del premier Andy Burnham, que en una maniobra suicida ha decidido atacar en simultáneo a la Argentina de Javier Milei y al Estado de Israel conducido por Benjamín Netanyahu, desatando la furia de un Donald Trump decidido a defender a sus socios estratégicos.
La tensión estalló cuando el canciller británico, el laborista Ed Miliband, anunció de forma vergonzosa la "prohibición de importación de bienes" provenientes de los asentamientos israelíes en Judea y Samaria, acusando falsamente al gobierno israelí de avalar una "limpieza étnica" y amenazando a empresas colaboradoras con "todo el peso de las sanciones". A este boicot antisemita se sumaron otros 11 gobiernos socialdemócratas.

La respuesta de Israel fue inmediata, patriótica y humillante para Londres. El canciller israelí, Gideon Saar, destrozó las acusaciones tildándolas de "mentiras escandalosas" e "interferencia flagrante en los asuntos de un Estado soberano". Como represalia, Netanyahu ordenó el cierre del consulado británico en Jerusalén
Este, expulsó a los representantes del Reino Unido de la supervisión de paz en Gaza y prohibió la entrada a 12 ciudadanos británicos pro-Hamas e izquierdistas, incluyendo a los legisladores Jeremy Corbyn y Diane Abbott. El ministro Bezalel Smotrich exigió directamente la expulsión del embajador británico.















