El gobierno ruso volvió a colocar bajo la lupa a figuras emblemáticas de la oposición. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró este miércoles que Moscú “toma todas las medidas necesarias y oportunas” para combatir tanto a los enemigos internos como a los externos, en referencia a los nuevos procesos judiciales abiertos por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) contra un grupo de opositores exiliados.
Durante su habitual rueda de prensa, Peskov explicó que los servicios de seguridad “actúan conforme a la ley y en defensa de la estabilidad del país”, luego de que el FSB informara la apertura de una causa penal por “organizar una comunidad terrorista” e “intento de usurpación del poder” contra varios dirigentes opositores radicados en el extranjero.
Los acusados y el origen de la causa
Entre los principales implicados se encuentra el exmagnate petrolero Mijaíl Jodorkovski, quien pasó una década en prisión por delitos financieros y fue indultado en 2013 por el presidente Vladímir Putin. También figuran el ex primer ministro Mijaíl Kasiánov, el excampeón mundial de ajedrez Gary Kaspárov, el economista Serguéi Guríev y la politóloga Yekaterina Shulman, entre otros nombres reconocidos de la disidencia rusa.
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Según el FSB, los señalados habrían utilizado el Comité Antibélico de Rusia (CAR) —fundado en 2022 tras el inicio de la ofensiva militar en Ucrania— para financiar “formaciones militarizadas ucranianas declaradas terroristas” por Moscú. El organismo también los acusa de intentar reclutar personas con el fin de “tomar el poder por la fuerza” en territorio ruso.
Una reacción sin respuesta desde el exilio
Hasta el momento, Jodorkovski y los demás acusados no se pronunciaron públicamente sobre la decisión. El empresario, que alguna vez fue uno de los hombres más ricos de Rusia, ha sostenido en reiteradas ocasiones que las causas en su contra son de carácter político y que buscan silenciar la disidencia.
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El Kremlin, en cambio, insiste en que las investigaciones responden a delitos concretos y no a persecución ideológica.
Con estos nuevos cargos, Moscú refuerza su estrategia de control y vigilancia sobre los opositores fuera del país, en un contexto de tensiones crecientes con Occidente y de endurecimiento del discurso interno sobre seguridad nacional.