El expresidente se encuentra bajo estricto ayuno oral y recibe nutrición parenteral exclusiva. Además, sigue un régimen de fisioterapia motora y medidas preventivas contra la trombosis venosa. No se ha fijado una fecha de alta de la terapia intensiva, y las visitas continúan desaconsejadas por el equipo médico.
A la delicada situación médica se suma una compleja persecución política y judicial. En medio de su recuperación, Bolsonaro fue notificado formalmente de un proceso judicial en su contra incitado por la izquierda brasileña.
La notificación fue entregada por un funcionario judicial que ingresó directamente a la terapia intensiva, lo que generó sorpresa y controversia en la opinión pública brasileña.














