La acción militar de Estados Unidos sobre Venezuela se inscribe en una estrategia clara: poner fin a un régimen señalado por vínculos con el narcotráfico, la corrupción sistémica y la represión política. La operación fue presentada como precisa y focalizada, con el objetivo de desarticular el mando chavista y acelerar una transición que permita devolverle al país caribeño condiciones básicas de institucionalidad.
Desde Washington, el mensaje fue contundente: no hay tolerancia para estructuras que amenacen la estabilidad regional. En ese marco, la intervención fue leída como un paso firme en defensa de la seguridad hemisférica y de los valores democráticos.
Vacío de poder y ausencia clave
El impacto político fue inmediato. Nicolás Maduro quedó fuera del tablero, y la línea sucesoria se vio alterada por un dato central: Delcy Rodríguez no se encuentra en Venezuela. Su presencia en Moscú, en medio de la crisis, dejó al régimen sin conducción ejecutiva efectiva en el territorio.














