A dos años de la masacre del 7 de octubre, las voces de los supervivientes aún estremecen al mundo. Desde un kibutz ubicado a apenas 1,6 kilómetros de Gaza, una mujer israelí reconstruyó ante las cámaras el ataque que transformó su vida y la de toda su comunidad. En una entrevista con La Derecha Diario, la víctima detalló con precisión el horror que vivió junto a su hija mientras cientos de terroristas de Hamas irrumpían en sus casas, asesinaban familias y secuestraban niños. Su relato, entre lágrimas y rabia, es un testimonio brutal de la barbarie que sufrió Israel aquella mañana.
“Nos despertamos a las 6:29 por las alarmas de los misiles”, comenzó la superviviente, todavía con la voz temblorosa. Como cada mes, corrieron hacia el refugio antiaéreo de su casa, pero esa vez fue diferente. “A las 6:35 empezamos a escuchar disparos, muchos, automáticos. Entendimos que no eran misiles, eran terroristas”, relató.
En ese momento, ella y su hija se encerraron en el cuarto seguro. “Apagamos las luces y no dijimos una palabra. Sabíamos que si abrían la puerta, nos mataban”. La puerta del refugio no tenía traba, así que improvisó con lo que tenía a mano: “Tomé una pieza del aspirador, una cuerda de cuero y lo até para trabar la puerta. Los terroristas disparaban dentro de la casa, pero no lograron entrar”.
Según su testimonio, entre 500 y 900 terroristas de Hamas irrumpieron en el kibutz esa mañana, donde vivían apenas 415 personas, incluidos bebés y niños. “Vinieron a matar, no a luchar. Entraron casa por casa”, explicó.
Vecinos asesinados y secuestrados frente a sus ojos
Mientras se escondía, escuchaba cómo sus vecinos eran asesinados o secuestrados. “A mi mejor amigo lo mataron, y a su esposa se la llevaron. Otro amigo fue secuestrado con su hijo de 12 años. Después supimos que lo asesinaron y que el niño fue llevado a Gaza”.
En cada casa, los terroristas dejaron una marca. “Las banderas negras indican que alguien fue asesinado. Las amarillas, que alguien fue secuestrado”, describió con dolor.
La crueldad sin límites de Hamas
Uno de los relatos más impactantes fue el de una vecina que fue ejecutada mientras los terroristas transmitían el crimen en Facebook Live. “La arrastraron del refugio, la tiraron al suelo y la acribillaron con 15 balas. Su hija vio todo en vivo por Facebook. Después quemaron la casa”, contó la testigo.
“Esto no fue una guerra. Fue pura maldad. Si alguien piensa que está bien secuestrar o asesinar bebés, el mundo perdió su brújula moral”, dijo con firmeza.
“Yo apoyaba a los palestinos, hasta que atacaron mi casa”
La mujer confesó que antes del 7 de octubre tenía una mirada conciliadora: “Yo era una gran defensora de la causa palestina. Hasta ayudaba a trasladar enfermos de Gaza a hospitales israelíes. Pero ellos atacaron a quienes los ayudábamos. Ya no creo que haya solución”.
También recordó a Oded Lipschitz, uno de sus vecinos asesinados, que dedicaba su tiempo a ayudar a palestinos enfermos. “Fue secuestrado, llevado a los túneles y asesinado. Eran monstruos”, lamentó.
El apoyo de Milei y el mensaje al mundo
En otro tramo de la entrevista, la mujer destacó la visita del presidente argentino Javier Milei y su hermana Karina al kibutz. “Creo que él es una persona increíble. El mundo necesita líderes como él, que digan la verdad. Porque el mundo perdió el sentido de lo que está bien y lo que está mal”, subrayó.
“Nos atacaron mientras dormíamos. Mataron bebés, estrangularon niños con sus propias manos. ¿Y el mundo duda de quiénes son los malos?”, agregó, en alusión a la ambigüedad de algunos gobiernos y medios internacionales frente al terrorismo de Hamas.
Un llamado a no olvidar
Desde su casa, ahora semidestruida, la superviviente intenta volver a dormir allí de vez en cuando. “Todavía cierro todas las ventanas y me escondo cuando suenan las sirenas. Es difícil vivir sabiendo que tus vecinos fueron quemados o secuestrados”, concluyó.
Su historia es una más entre las cientos de familias israelíes que el 7 de octubre de 2023 sufrieron el ataque más brutal desde la creación del Estado de Israel. Un crimen que el mundo no puede permitir olvidar.