Sanae Takaichi impulsó un acuerdo para reforzar las reservas estratégicas de minerales y advirtió sobre la creciente coerción económica del régimen chino.
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, concluyó su primera participación en una cumbre del G7 con un importante respaldo internacional a una de sus principales prioridades: enfrentar la dependencia occidental de los minerales críticos controlados por China.
Durante la reunión celebrada en Evian, Francia, los líderes del G7 acordaron fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro de tierras raras y otros recursos estratégicos, en un mensaje dirigido directamente al régimen de Beijing.
“El G7 expresó una preocupación unida y seria por los controles a la exportación de minerales críticos y la coerción económica”, afirmó Takaichi tras el encuentro.
El G7 busca reducir la dependencia de China
Uno de los puntos centrales de la declaración conjunta establece que para 2030 los países del G7 buscarán reducir su dependencia de cualquier proveedor único externo al bloque a menos del 60% en tierras raras e imanes permanentes.
Además, el plan contempla la creación de reservas estratégicas equivalentes a 90 días de demanda, coordinadas con la Agencia Internacional de la Energía para responder ante eventuales interrupciones del suministro.
La iniciativa apunta principalmente a contrarrestar el enorme dominio de China sobre el mercado global de minerales críticos, esenciales para la industria tecnológica, energética y militar.
Japón ofreció su modelo de almacenamiento estratégico
Takaichi destacó que Japón es actualmente el único país del G7 que dispone de un sistema nacional de almacenamiento de minerales críticos para uso civil.
La primera ministra puso a disposición del bloque la experiencia de JOGMEC, la agencia japonesa especializada en seguridad energética y recursos minerales, para ayudar a otros países a desarrollar mecanismos similares.
Takaichi logró que el G7 avance contra la dependencia de China en minerales críticos
La preocupación japonesa tiene antecedentes concretos. En 2010, tras un incidente marítimo en las disputadas islas Senkaku, China restringió las exportaciones de tierras raras hacia Japón, demostrando su disposición a utilizar estos recursos como instrumento de presión política.
Desde entonces, Tokio avanzó en una estrategia de diversificación que redujo la dependencia japonesa de China desde casi el 90% hasta alrededor del 60%.
China vuelve a quedar bajo la lupa por sus prácticas coercitivas
Durante la cumbre, Takaichi volvió a denunciar las restricciones comerciales impuestas por Beijing y advirtió sobre el impacto que pueden tener en las cadenas de suministro globales.
La mandataria japonesa expresó una profunda preocupación por las medidas adoptadas por China contra bienes de doble uso y productos vinculados a minerales críticos, que afectan tanto a Japón como a otros países aliados.
El respaldo del G7 supone un nuevo revés diplomático para el régimen chino, que enfrenta crecientes cuestionamientos por utilizar su peso económico para influir en decisiones políticas de otras naciones.
Taiwán y el Indo-Pacífico también estuvieron presentes
Además del debate económico, Takaichi buscó mantener el foco sobre la situación de seguridad en el Indo-Pacífico y las crecientes tensiones alrededor de Taiwán.
La declaración final del G7 reafirmó la oposición a cualquier intento unilateral de modificar el statu quo mediante la fuerza o la coerción en el Mar de China Meridional, el Mar de China Oriental y el estrecho de Taiwán.
La primera ministra también mantuvo un intercambio con el presidente estadounidense Donald Trump, con quien coincidió en la necesidad de continuar fortaleciendo la cooperación para garantizar un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”.
Japón busca liderar la respuesta occidental frente a Beijing
La participación de Takaichi dejó en evidencia la intención de Tokio de asumir un papel cada vez más activo en la construcción de una estrategia occidental para contener la influencia económica y geopolítica de China.
Mientras Beijing continúa utilizando su dominio sobre recursos estratégicos como herramienta de presión internacional, Japón intenta consolidarse como uno de los principales impulsores de una respuesta coordinada entre las democracias industrializadas.