China también pidió contención y respaldó cualquier medida que contribuya a calmar la situación. Como actor clave en la región, con estrechos vínculos tanto con Islamabad como con Nueva Delhi, su posición podría resultar fundamental para evitar una escalada. A pesar de sus pedidos, China desplegó su ejército en la frontera con India.
A nivel interno, Pakistán enfrenta otros desafíos de seguridad. En los días posteriores al atentado en Kashmir, sus fuerzas armadas informaron haber matado a 71 militantes islamistas que intentaban ingresar al país desde Afganistán, en la volátil región de Waziristán del Norte.
Las autoridades atribuyen estas incursiones a insurgentes del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), a los que describen como enviados por ''amos extranjeros'' para ejecutar atentados de alto impacto en suelo paquistaní.

El actual clima de confrontación recuerda a episodios previos entre las dos potencias nucleares, como el conflicto de Kargil en 1999 o el enfrentamiento tras el atentado de Bombay en 2008. El riesgo de una escalada militar es real, especialmente en una región donde pequeños incidentes pueden desatar crisis mayores.
La comunidad internacional observa con preocupación, ya que un conflicto abierto entre India y Pakistán tendría consecuencias devastadoras no solo para Asia del Sur, sino para la estabilidad global.












