El régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro ha comenzado a diseñar un esquema guerrillero en respuesta al aumento de tensiones en el Caribe.
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El régimen de Nicolás Maduro ha diseñado una estrategia de ''resistencia prolongada'' basada en tácticas de guerrilla y sabotaje para enfrentar una eventual operación militar estadounidense, de acuerdo a Reuters.
El plan surge mientras Estados Unidos mantiene más de diez buques de guerra, incluido el portaaviones USS Gerald R. Ford, y una Unidad Expedicionaria de Marines en el Caribe, en medio de crecientes tensiones entre Washington y Caracas.
De acuerdo con el reporte, Maduro es consciente de que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no tiene capacidad para enfrentar directamente a las fuerzas estadounidenses, consideradas ampliamente superiores.
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En lugar de un choque convencional, el gobierno venezolano instruyó a sus unidades militares a dispersarse en más de 280 posiciones alrededor del país, desde donde ejecutarían ataques irregulares, emboscadas y sabotajes en caso de una invasión.
A pesar de que el régimen afirma contar con 123.000 efectivos activos y una milicia civil de ocho millones de miembros, fuentes militares y analistas señalan que estas cifras están infladas y ocultan graves deficiencias internas.
La FANB enfrenta falta de entrenamiento, bajos salarios, deserciones constantes y el deterioro de su equipamiento, mayormente heredado de la era soviética. Además, sus principales ''experiencias de combate'' se han limitado a la represión de protestas ciudadanas, no a enfrentamientos armados reales.
El reporte indica que Venezuela ha activado recientemente unos 5.000 misiles portátiles rusos Igla, destinados a ataques sorpresa. No obstante, expertos consideran que estos sistemas tienen un impacto limitado frente al arsenal estadounidense, que incluye bombarderos B-2 y aviación de última generación.
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Aunque Caracas cuenta con alrededor de 20 cazas Sukhoi adquiridos en los 2000, su utilidad frente a una intervención militar estadounidense es considerada mínima.
En paralelo, el régimen ha reforzado las rutas de acceso hacia Caracas mediante barricadas anti-vehiculares y maquinaria pesada en un intento de frenar un eventual avance terrestre hacia la capital. Sin embargo, analistas advierten que estas medidas responden más a un intento de ralentizar operaciones que a una verdadera capacidad de defensa estratégica.
Uno de los elementos más controvertidos del plan es la estrategia de ''anarquización'', mediante la cual los servicios de inteligencia y grupos leales al chavismo inducirían desorden en Caracas para volver ingobernable el país en caso de que Estados Unidos lograra reemplazar a Maduro.
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La táctica incluiría la activación de colectivos motorizados, grupos parapoliciales utilizados históricamente para intimidar manifestantes, y la posible participación de estructuras del crimen organizado.
La incertidumbre aumenta en la frontera occidental, donde operan guerrillas colombianas como el ELN, dedicadas al cultivo y tráfico de cocaína. Aunque Maduro niega cualquier vínculo con estas organizaciones, Venezuela continúa siendo un corredor clave para el narcotráfico regional, uno de los factores que ha motivado el incremento de la presión militar estadounidense.
Según analistas, el plan de defensa del régimen evidencia la profunda debilidad institucional de Venezuela. Más que una estrategia militar formal, el esquema revela la dependencia del gobierno en tácticas irregulares, milicias improvisadas y el uso del caos como herramienta política.
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