La escalada comenzó el 23 de marzo con el incendio de cuatro ambulancias de la organización judía de emergencia Hatzola en el barrio de Golders Green. Ese mismo día, un intento de ataque con bombas incendiarias fue frustrado en una sinagoga reformista en Finchley. Desde entonces, se han registrado múltiples episodios: desde botellas con acelerantes colocadas en edificios comunitarios hasta incendios provocados en memoriales y estacionamientos.
Uno de los incidentes más graves ocurrió el 19 de abril, cuando una sinagoga en Kenton fue blanco de un ataque con bombas incendiarias. Días después, un monumento en memoria de manifestantes iraníes asesinados fue incendiado. A estos hechos se suma un apuñalamiento en Golders Green que dejó dos heridos, perpetrado por un atacante que luego fue reducido por la policía y voluntarios de seguridad comunitaria.
El patrón, aunque aún bajo investigación, apunta a una campaña de intimidación sostenida. Las autoridades han incrementado la presencia policial en las zonas afectadas, mientras crece la inquietud entre los miembros de la comunidad judía londinense, que observan con preocupación una seguidilla de ataques que, aunque en su mayoría no han dejado víctimas fatales, sí han erosionado la sensación de seguridad.