La frágil tregua vigente en Gaza desde el 10 de octubre vuelve a tensarse tras nuevas declaraciones de Hamas, que acusa a Israel de “violaciones” del acuerdo e insiste en que la segunda fase del cese del fuego no puede avanzar.
Pero detrás de las acusaciones, señalan fuentes israelíes, se esconde un patrón ya conocido: dilatar los procesos, evitar compromisos clave y mantener la presión política sobre los mediadores internacionales.
Hossam Badran, miembro del buró político de Hamas, afirmó a la agencia AFP que “la segunda fase no puede comenzar mientras la ocupación continúe sus violaciones del acuerdo y evada sus compromisos”. Según él, Hamas habría solicitado a los mediadores que “presionen” a Israel para implementar completamente la primera etapa.

Sin embargo, esa primera etapa —claramente definida en los documentos del acuerdo— exige algo muy concreto: la entrega de todos los rehenes. Y en este punto, Israel recalca que la organización islamista sigue sin cumplir.
Hamas aún retiene el cuerpo del rehén Ran Gvili, argumentando ahora que “no puede encontrarlo”, una explicación que en Jerusalén se interpreta como otra muestra de evasión y falta de transparencia.
La segunda fase del acuerdo prevé la entrada de una fuerza internacional de estabilización y, sobre todo, el proceso de desarme de Hamas, una condición indispensable para cualquier escenario de reconstrucción y seguridad duradera en la Franja.
La negativa de Hamas a avanzar hacia esta etapa resulta, para Israel, un indicio claro de que la organización busca preservar su poder militar a toda costa.








