El encuentro, aseguraron, ayudó a cambiar la percepción de Hamás sobre los rehenes. “Logramos que entendieran que esos 20 israelíes vivos ya no eran un activo, sino una carga”, explicó Witkoff.
Ambos asesores visitaron Gaza junto al jefe adjunto del Estado Mayor israelí, general Eyal Zamir.
Ante la pregunta de si consideraba las acciones de Israel un genocidio, Witkoff respondió tajante: “No, absolutamente no. Fue una guerra.” Añadió que “ningún país del mundo habría tolerado que una organización terrorista masacrara a sus civiles sin responder”.
El cierre de la entrevista fue emocional. Witkoff describió el momento en que vio regresar a los rehenes liberados: “Me sentí eufórico. Pensé en lo que habría sentido si me hubieran llamado del hospital para decirme que mi hijo estaba vivo. Esos padres estaban recibiendo esa llamada.”
En medio de una región donde las promesas suelen desvanecerse, la entrevista mostró algo más: la convicción de que, pese a las críticas, Israel sigue siendo un pilar de estabilidad, y que incluso en los terrenos más oscuros del conflicto, la humanidad —y la esperanza— pueden abrirse paso.