En otro tiempo, el bufón era el único capaz de decirle la verdad al rey.
Hoy, el bufón moderno se arrodilla ante él… y cobra por hacerlo.
Ese es el triste destino de Alfonso “Poncho” Gutiérrez, el hombre que confundió el periodismo con el sarcasmo y la sátira con la obediencia digital. Un comediante de mediana gracia y mucha soberbia, que se vende como crítico mientras actúa como operador ideológico con micrófono. No hace periodismo: simula conciencia desde un escritorio.
Su talento no está en la palabra, sino en la mofa sistemática, en el arte de degradar el debate público con caricaturas emocionales.
Su “humor” no libera, polariza.
Su “crítica” no cuestiona, diviniza.











