Lo que está pasando dentro de la “Nueva Derecha” ya dejó de ser un simple intercambio de opiniones. Hoy estamos viendo una ruptura real, causada por un grupito que ha confundido nacionalismo con resentimiento, catolicismo con odio, y batalla cultural con berrinche.
Lo más grave es que ese grupo de Verástegui, Danann, Miklos, Iturralde, El Presto y compañía anda jugando a dinamitar desde adentro a quienes no piensan exactamente como ellos.
El inicio
Todo comenzó justo antes de las elecciones legislativas en Argentina, en un momento clave para la gobernabilidad del país, cuando se definía si Milei podía avanzar con sus reformas.
Este grupo decidió hacer lo más irresponsable posible: desear, insinuar o “vaticinar” que Milei iba a perder, a pocas horas de una elección crucial para el futuro del proyecto de nación que representa.
Y lo más absurdo es que lo hicieron en nombre de una supuesta “coherencia ideológica” que nadie les pidió y que pocos entienden.
Porque, aceptémoslo, esto no fue una crítica constructiva ni un análisis serio. Fue una puñalada por la espalda, una necesidad de llamar la atención en redes.
Una jugada sucia de quienes creen que la derecha debe ajustarse a sus caprichos personales o dejar de serlo.
El patrón se repite
Desde hace meses, han abrazado discursos antisemitas, posiciones pro-palestinas y hasta simpatías abiertas con Rusia. Todo esto mientras se autodenominan “defensores de Occidente” y “soldados de Cristo”.
Mientras juegan a ese doble discurso, acusan de “vendido”, “globalista” o “tibio” a cualquiera que no piense exactamente como ellos.
Incluso cuando uno de los suyos reivindicó abiertamente a la masonería, ninguno de ese círculo dijo una sola palabra al respecto.
Mientras tanto, el presidente Javier Milei da una batalla real contra el socialismo, el estatismo, la ideología de género y la decadencia moral de su nación.
Pero este grupito se dedica a hacer videos llorando, porque Milei no dice exactamente lo que ellos quieren, ni en el tono que ellos exigen.
Y mientras ocurre un genocidio contra cristianos en África y una persecución sistemática en China por parte del régimen, estos personajes callan, porque saben que da más likes atacar a un jefe de Estado que condenar estos crímenes reales.
Lo que estamos viendo no es un debate sano, es un intento de sabotaje desde dentro. Un bloque que se dice de derecha pero que, con sus ataques, termina cumpliendo la agenda de la izquierda: dividir, enfrentar, desgastar y sembrar confusión entre los seguidores.
Este debe ser un llamado de atención para la derecha. O se deslinda de estos personajes tóxicos, antisemitas y desconectados de la realidad, o la izquierda celebrará la fractura sin haber movido un dedo.
Porque mientras unos luchan por transformar a sus países, otros prefieren pelear por likes y retuits.