Estados Unidos oficializó este jueves la designación de varias zonas en su frontera con México como áreas de defensa nacional, lo que implica restricciones estrictas para cualquier ingreso no autorizado.
La advertencia de su embajada en México fue contundente: “No entres”. Y no es retórica: quien cruce sin permiso enfrentará arresto, enjuiciamiento y cárcel.
Estas zonas se ubican principalmente en Texas, Arizona y Nuevo México. Están respaldadas por la Sección 21 de la Ley de Seguridad Interna de 1950. Ahí, se prohíbe ingresar, circular en vehículo o registrar imágenes, a menos que exista autorización expresa del Departamento de Defensa.
El gobierno mexicano elige el silencio
Ante esta medida sin precedentes, la presidente de México, Claudia Sheinbaum, no emitió ninguna protesta formal. No hubo reunión diplomática, ni comunicado de rechazo, ni siquiera un gesto simbólico. La prioridad, al parecer, sigue siendo no incomodar a Washington… aunque eso implique ceder soberanía sin oponer resistencia.

La 4T se muestra una vez más tibia y subordinada. Prefiere repetir discursos vacíos sobre la migración como derecho humano, mientras el crimen organizado avanza a ambos lados de la frontera, sin control ni respuesta.
La realidad que México no quiere enfrentar
Aunque las medidas de Estados Unidos pueden parecer extremas, responden a una crisis concreta que México ha ignorado: la frontera está rota. El paso migratorio está controlado en muchas zonas por mafias, las cuales extorsionan, trafican y asesinan con total impunidad.









