¿Dónde quedó la igualdad ante la ley? ¿Dónde están esos mismos operativos cuando secuestran a una madre o asesinan a un transportista?
En el México de la 4T, el mensaje es claro: si no tienes cargo, tampoco tienes derechos. Porque la justicia, en este país, es un privilegio reservado a quienes tienen escolta, no a quienes tienen miedo.
En México, perderlo todo no garantiza que alguien toque una alarma. Las familias buscan justicia en pasillos vacíos, mientras los funcionarios viajan escoltados hasta para recoger sus llaves. No hay urgencia para el pueblo, solo trámites.
La impunidad no es casualidad, es estructura. Se activan operativos si hay cámaras, si hay apellidos, si hay fuero. El ciudadano común, en cambio, debe mendigar atención y cargar con la culpa de ser víctima.
El discurso de igualdad se repite en tribunas, pero no llega a las calles. La seguridad pública se volvió una herramienta de poder, no de justicia. Porque aquí la ley se aplica según el cargo, no según el crimen.