El exjefe de Microsoft y hombre vinculado al caso Epstein afirmó que se superaron riesgos en bio, ciber y empleo, y propone empleos reservados a humanos e impuestos a robots.
En una entrevista reciente, Bill Gates se mostró inquieto por el ritmo al que avanza la inteligencia artificial. El filántropo y fundador de Microsoft aseguró que ya se cruzaron varios umbrales de peligro que, según él, debían haberse controlado antes. Habló de biocapacidades, cibercapacidades, efectos psicosociales, destrucción del mercado laboral y hasta de la posible pérdida de control sobre estos sistemas.
Gates explicó que durante años se esperaba que, al acercarse a esos puntos críticos, se encontrarían formas de limitar el uso a actores confiables o de impedir ciertas funciones. “Hemos cruzado el umbral en términos de las biocapacidades, cibercapacidades, capacidades psicosociales, capacidades de destrucción del mercado laboral, e incluso la falta de control”, señaló. Y admitió estar “simplemente asombrado” por la escasa preocupación y el poco debate fuera de la industria tecnológica.
Uno de los aspectos que más le alarma es el potencial biológico de los modelos actuales. “Cualquier modelo que pueda crear moléculas nuevas debería ser monitorizado”, afirmó. Comparó el riesgo de bioterrorismo con el de una pandemia natural y lo calificó de unas 50 veces más aterrador y probable. Esa posibilidad lo impulsó a elevar la voz tanto en público, con un nuevo ensayo, como en conversaciones privadas con líderes de gobierno, industria y sociedad civil.
Al mismo tiempo, reconoció que la IA trae beneficios concretos. Destacó avances en agricultura, sanidad y educación, y el potencial para reducir burocracias. Con el tiempo, dijo, se llegará a una etapa de abundancia. Pero antes habrá turbulencias, y muchas.
Propuestas para amortiguar el impacto
Gates planteó ideas concretas para gestionar la transición. Una es la de los “empleos reservados a humanos”: tareas que, por acuerdo social, solo podrían realizar personas. Eso podría variar de un país a otro y protegería puestos que no se quieren ceder a máquinas. Otra es un impuesto a los robots y a los tokens de IA, de modo que el uso de sistemas que reemplazan trabajo humano genere recursos para sostener a quienes queden desplazados.
Insistió en que esta revolución es distinta de las anteriores. En el pasado, las tecnologías no generaron una reducción neta de empleos. Ahora, sin embargo, se puede reemplazar la cognición humana en un porcentaje muy alto de puestos de cuello blanco, en muchas industrias a la vez, a un costo bajo y con tasas de error que podrían ser inferiores a las humanas. Las estadísticas actuales, advirtió, resultan engañosas.
También rechazó ciertas formas de protesta. Detener centros de datos en un solo país no solucionaría nada, porque se construyen en todo el mundo. “Si te preocupa la IA, ir a una protesta en un centro de datos no es la forma más eficaz de iniciar el debate sobre cómo minimizamos estos aspectos negativos”, dijo.