Lucas Salim fue recibido por Beltrán Briones y Nico Kiperszmid en una nueva edición de El Club del Ladrillo. El CEO de Proaco desglosó su visión sobre el desarrollo inmobiliario en Córdoba ante los anfitriones. La extensa charla recorrió desde sus inicios en la crisis hasta la actualidad del sector.
El empresario narró cómo transformó el estallido de 2001 en una oportunidad de negocio para el sector privado. Recordó que los ahorros estaban atrapados en el Corralito y perdían valor día a día por la inflación. La normativa permitía liberar esos fondos solo si se invertían productivamente en construcción nueva.
Ante la consulta de Briones, Salim explicó que buscó inversores desesperados para capitalizar obras privadas. Comenzó construyendo casas en countries aprovechando los bajos costos en dólares de aquel momento crítico. Esa audacia juvenil le permitió crecer y capitalizarse cuando el mercado financiero estaba paralizado.
El origen del capital emprendedor
Salim recordó la época de los bonos provinciales y la falta de liquidez que asfixiaba a la economía real. A pesar de su juventud, logró convencer a los tenedores de plazos fijos para volcarse al ladrillo. Fue una solución de mercado ante la ineficiencia del Estado para garantizar la propiedad de los depósitos.
El negocio inicial consistía en comprar lotes que valían una fracción de lo que cuestan en la actualidad. Construir una casa costaba cerca de veinte mil dólares y se vendía al doble en el mercado secundario. La rotación rápida del capital fue la clave para generar un patrimonio propio sin endeudamiento externo.
Con el tiempo, el desarrollador migró hacia complejos residenciales para ganar escala y eficiencia operativa. Entendió que la logística era vital y que agrupar viviendas reducía significativamente los costos. Así logró posicionarse con los años como uno de los mayores constructores de la provincia de Córdoba.












