La compañía prueba chips de inteligencia artificial en órbita con el Proyecto Suncatcher y apunta a una red de 81 satélites, aunque enfrenta desafíos de costos, radiación y energía
Google dio un paso concreto en su plan para llevar la inteligencia artificial fuera de la Tierra. La compañía envió al espacio un satélite equipado con una de sus unidades de procesamiento tensorial, los chips diseñados específicamente para tareas de IA. El dispositivo despegó a bordo de un cohete de SpaceX desde California y busca comprobar si estos procesadores pueden operar en las condiciones extremas de la órbita terrestre.
La iniciativa forma parte del Proyecto Suncatcher, con el que Google pretende desarrollar centros de datos espaciales. El objetivo a largo plazo es armar una red de 81 satélites que trabajen de manera coordinada y procesen grandes volúmenes de información desde el espacio. Antes de llegar a esa meta, la empresa debe resolver problemas vinculados al suministro de energía, la refrigeración de los componentes y el costo de los lanzamientos.
El prototipo fue construido por Planet Labs y servirá para evaluar el comportamiento real de una TPU en órbita. Según Travis Beals, responsable del proyecto, las pruebas en tierra no alcanzan a reproducir todas las condiciones que enfrentará el hardware una vez que esté en el espacio.
El satélite permitirá verificar si el chip puede funcionar con un suministro continuo de un kilovatio de potencia, mantener una temperatura adecuada y ejecutar modelos de inteligencia artificial sin fallas graves. En las primeras pruebas, el procesador trabajará en intervalos de 15 minutos para evitar sobrecargar los sistemas de alimentación y gestión térmica mientras se recolectan datos sobre su rendimiento.
La radiación, un obstáculo clave
La misión también evaluará cómo responde el hardware a la radiación espacial, uno de los principales desafíos para trasladar infraestructura informática fuera de la Tierra. Google ya realizó ensayos con aceleradores de partículas y detectó que la radiación puede generar errores adicionales en los circuitos lógicos de sus procesadores.
Pese a esos resultados, la compañía considera que sus chips están en condiciones de ejecutar tareas de inferencia, es decir, utilizar modelos ya entrenados para generar respuestas o analizar información. Beals señaló que la tasa de errores estimada es muy baja para este tipo de operaciones, aunque reconoció que el entrenamiento de modelos a gran escala representa un desafío mayor.
El Proyecto Suncatcher avanza ahora hacia una segunda etapa. Google y Planet Labs preparan el lanzamiento de dos satélites diseñados específicamente para computación avanzada, con despegue previsto para 2027. A diferencia del prototipo actual, estos dispositivos estarán listos para colaborar entre sí mediante enlaces de comunicación láser, lo que permitirá intercambiar información a gran velocidad y explorar cómo distribuir las cargas de trabajo.
El objetivo final es formar una constelación de 81 unidades que vuelen en formación coordinada y funcionen como un centro de datos distribuido. Para lograrlo, Google deberá resolver el problema de la comunicación entre procesadores. Travis Beals explicó que el ancho de banda y la latencia son factores determinantes cuando se ejecutan tareas que requieren la colaboración de numerosos chips.
El costo de llegar al espacio
Uno de los mayores obstáculos es el costo de transportar equipos hasta la órbita. Google publicó un informe técnico, revisado por pares y previsto para la revista científica Joule, en el que analiza las condiciones necesarias para desarrollar centros de datos espaciales. El documento estima que, para alcanzar precios de lanzamiento cercanos a los 200 dólares por kilogramo en 2035, SpaceX tendría que transportar unas 370.000 toneladas de carga útil.
Eso equivaldría a aproximadamente 1800 lanzamientos de Starship durante la próxima década, asumiendo que cada vuelo pueda llevar 200 toneladas. La cifra representa un desafío considerable para el cohete de Elon Musk, que todavía se encuentra en una etapa inicial de desarrollo. Aunque SpaceX proyecta aumentar la frecuencia de sus vuelos, alcanzar ese ritmo exigirá avances importantes en la reutilización y la capacidad operativa del vehículo.
Google considera que la reducción progresiva de los costos de lanzamiento será fundamental para que los centros de datos orbitales se conviertan en una alternativa viable. No obstante, el propio informe aclara que sus estimaciones no constituyen un estudio de viabilidad económica.
Además del transporte, la compañía debe garantizar que sus procesadores funcionen durante varios años en un entorno con radiación, temperaturas extremas y recursos energéticos limitados. Google estima que sus chips podrían soportar cargas de trabajo de inferencia durante los cinco años de vida útil previstos para cada satélite. Sin embargo, los errores provocados por la radiación dificultarían operaciones más exigentes, como el entrenamiento de modelos con miles de procesadores durante meses.
El lanzamiento del primer satélite permitirá obtener datos reales sobre estos desafíos. Aunque todavía falta mucho para que Google despliegue una red de centros de datos en el espacio, la compañía ya comenzó a probar el hardware y las tecnologías que podrían hacer posible esa infraestructura.