El fallo contra el clan Sena dejó una certeza brutal: no solo asistimos al derrumbe moral del kirchnerismo, sino al nacimiento de una Argentina que se permite la verdad. El veredicto por el asesinato de Cecilia Strzyzowski lo confirma de manera lapidaria. El jurado popular declaró culpables a César Sena, Emerenciano Sena y Marcela Acuña por el femicidio más atroz que recuerde la historia chaqueña. Una condena que hubiera sido imposible bajo el régimen de Capitanich. Una condena impensada mientras el poder político controlaba jueces, fiscales y medios a fuerza de miedo y subsidios. Hoy, Cecilia sí descansa en paz porque el país comenzó a romper la estructura mafiosa que la hizo desaparecer.
El juicio expuso algo que durante años se intentó ocultar: el kirchnerismo funcionó como una organización de poder basada en privilegios y miedo, donde el gobierno definía quién prosperaba, quién callaba y quién desaparecía. Un sistema construido sobre el sometimiento moral y la manipulación. Mientras tanto, el colectivo feminista -tan ruidoso con causas funcionales a su relato- eligió el silencio. No hubo marchas. No hubo pañuelos. No hubo memoria. Eligieron la ideología antes que la justicia, la obediencia al poder antes que la defensa de la víctima.

Pero mientras el viejo orden se desmorona, otro país emerge desde abajo, impulsado por millones de personas que ya no esperan el permiso del Estado para crear, producir y comerciar. El acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos simboliza ese cambio de época: lo que empezó como un discurso políticamente incorrecto en Davos se convirtió en una alianza estratégica, guiada por el principio más elemental del progreso humano: el intercambio libre y voluntario. Cuando se abren los mercados, se libera la cooperación; cuando se elimina la arbitrariedad estatal, florece la confianza.
Los resultados lo prueban. El Merval subió casi 4% en una jornada, las acciones argentinas treparon hasta 23% y el Riesgo País perforó los 600 puntos. Es el orden natural de los hechos: cuando se respeta la propiedad, el capital fluye; cuando se reduce la incertidumbre política, el valor se multiplica. Sin embargo, los analistas del fracaso -los mismos que vieron crisis donde había recuperación y catástrofe donde había ajuste racional- repiten que “el acuerdo perjudica a la Argentina”. No comprenden lo esencial: la riqueza no se distribuye por decreto, se genera cuando los individuos pueden actuar según su propio juicio.
La inflación de octubre volvió a dejar algo en claro: la estabilidad ya no es un anhelo. Aunque algunos intenten forzar la narrativa de una “aceleración”, la interanual se desplomó al 31,3%, el nivel más bajo desde 2018. Ya son 18 meses consecutivos de desaceleración, y la inflación acumulada de 2025 llegó al 24,8%, el mejor registro desde 2017. Todo esto es consecuencia directa de dejar de fabricar dinero sin respaldo, devolverle valor al esfuerzo y ponerle un freno al saqueo estatal que por años alimentó la espiral inflacionaria.








