Francia es la campeona mundial del gasto público. Con un 57,2% del PIB destinado al gasto estatal -casi un récord absoluto en la OCDE, solo superado por Finlandia este año, con un 57,5-, ha construido el modelo de redistribución más ambicioso jamás intentado en una democracia desarrollada.
Pero sus hospitales están en crisis. Sus escuelas retroceden en todas las clasificaciones internacionales. Sus infraestructuras envejecen. Su deuda supera el 110% del PIB. Y sus empresarios o las personas que realmente pagan impuestos se marchan del país debido a una fiscalidad excesivamente elevada. Francia sigue siendo uno de los países del mundo con mayor presión fiscal, con un 45,3 % del PIB destinado a impuestos y cotizaciones sociales en 2024.
Para una persona normal, es un fracaso total, pero para la izquierda francesa necesitamos más Estado y más impuestos para solucionar esto…









