En 2024, los estadounidenses volvieron a ser la primera nacionalidad beneficiaria del visado portugués para trabajadores remotos. Esos permisos de residencia en Portugal pasaron de 2.888 en 2017 a más de 19.000 a finales de 2024. Cada año, muchas personas vienen en Paris siguiendo los pasos de “Emily in Paris” y su vida de ensueño.
En las redes sociales, el fenómeno tiene nombre propio, el "Europemaxxing", esa estética viral que idealiza el café en la terraza, el hospital gratuito y el ritmo pausado de vida europeo como antídoto a la ansiedad estadounidense.
Este espejismo choca con una realidad que presenta cuatro facetas: una economía en declive, una deuda que no deja de crecer, una delincuencia en la que los extranjeros siguen estando significativamente sobrerepresentados (el 38 % de los imputados por robo con allanamiento y el 18 % por homicidio en Francia en 2024, frente al 8 % de la población, según el Ministerio del Interior) y tres décadas de inmigración cuya integración sigue sin completarse...
El declive, cuantificado por la propia Bruselas
En septiembre de 2024, Mario Draghi entregó a la Comisión Europea un diagnóstico contundente: ninguna empresa europea que supere los 100.000 millones de euros de capitalización ha sido creada de cero en los últimos cincuenta años, mientras que las seis empresas estadounidenses que valen más de un billón de dólares se fundaron todas en ese mismo período.
Solo cuatro empresas tecnológicas europeas figuran entre las cincuenta más grandes del mundo; las compañías del continente invirtieron 270.000 millones de euros menos que sus homólogas estadounidenses en investigación y desarrollo en 2021, y cerca de un tercio de los unicornios europeos fundados desde 2008 acabaron trasladando su sede, la mayoría a Estados Unidos.
Los impuestos y las regulaciones son la norma en una Europa en la que es difícil emprender y donde el crecimiento económico es escaso. La ilusión de prosperidad que se puede tener desde fuera no es más que un vestigio de nuestro glorioso pasado, mientras que el socialismo nos ha dañado de forma duradera...
La vela que se consume por los dos extremos
Esta erosión prolonga la quiebra lenta de un Estado del bienestar financiado a crédito, con una deuda pública europea del 81,7% del PIB (117% en Francia, 137% en Italia). De hecho, el Estado del bienestar, tan querido por los progresistas, ya no se adapta a nuestra precaria situación. Pero nuestros dirigentes siguen aferrándose a él, aunque eso suponga mentir a los ciudadanos haciéndoles creer que nada ha cambiado, cuando es evidente que vivimos por encima de nuestras posibilidades.
Un año después de presentar su informe, el propio Draghi constata que apenas un 11% de sus recomendaciones se han aplicado. Uno de los economistas más experimentados de Europa ha dado la voz de alarma, pero nuestro políticos miran para otro lado y siguen con un gasto social que nos llevará a la ruina. No se ha llevado a cabo ninguna reforma, a pesar de que son necesarias.
El laxismo en seguridad, largamente encubierto por el silencio de la izquierda sobre sus propias consecuencias, añade su parte a la factura: en Alemania, los sospechosos extranjeros de homicidio aumentaron un 12,9% en 2024. El confort de ayer no desapareció; fue financiado por decisiones concretas, respaldadas por mayorías concretas. Pero no quieren parar esta locura…
El declive no ha hecho más que empezar
Lo que turistas y expatriados estadounidenses descubren hoy son los intereses de un capital acumulado por generaciones anteriores, no el fruto de una trayectoria aún viva. La advertencia vale también para América Latina: un período de confort no prueba nada a largo plazo si las decisiones que lo financian nunca se nombran ni se corrigen a tiempo.
Europa creyó que su nivel de vida estaba garantizado para siempre; descubre, con veinte años de retraso, que no había hecho más que pedir prestado al tiempo que le quedaba. Y cada año que pasa sin reformas estructurales, sin un replanteamiento de las políticas progresistas de gasto y de inmigración desenfrenada, nos acerca más a un despertar brusco.
En algún momento, la ilusión se acabará y habrá que pagar la factura, asumiendo estas décadas de locuras. No hay que olvidar que el socialismo solo funciona cuando hay dinero para gastar, pero cuando el dinero escasea, es la miseria la que caracteriza a estos regímenes, y Europa corre el riesgo de darse cuenta de ello de la manera muy dura.