Alexis de Tocqueville (diplomático, filósofo político e historiador francés del siglo 19) previó que una sociedad q7e esté replegada en su bienestar dejaría a un poder tutelar tejer su red. Europa paga hoy la factura y Venezuela, donde la renta petrolera compró años de silencio antes del derrumbe, muestra cuál es el precio.
En 1979, el 62 % de los electores europeos acudía a las urnas en las elecciones del Parlamento Europeo ; pero en 2014, apenas el 42 %. Entre esas dos elecciones, una generación entera se retiró de la vida pública, convencida de que ya nada podía cambiar y prefiriendo la comodidad de su vida privada a los enfrentamientos de la política. Ese es exactamente el momento que Tocqueville anticipó, ya en 1840, como puerta de entrada a una forma de poder inédita, más difícil de combatir porque no suscita ninguna resistencia visible.
El despotismo blando prospera gracias al individualismo
Tocqueville distinguía el individualismo del egoísmo porque el ciudadano democrático moderno no odia a sus semejantes, los olvida, y se repliega en el círculo estrecho de su familia y sus amigos, y abandona la communidad a su suerte. En ese vacío se instala un poder tutelar, escribía, un poder que no quiebra las voluntades, pero las ablanda, y que cubre poco a poco la sociedad con una red de reglas minuciosas y uniformes, casi imposible de perforar.
En Europa, esa red se tejió durante las décadas de crecimiento y de construcción europea, entre administraciones ampliadas, programas escolares reescritos, subvenciones asociativas orientadas… La victoria del progresismo, con hilos anudados con paciencia mientras una población próspera y tranquila (también a la derecha) no veía razón alguna para oponerse, mientras no llegara la factura.
En unas pocas décadas, los valores han evolucionado bajo la influencia de los progresistas. Estos valores se han ido incorporando poco a poco y se han convertido en la norma, transformando de forma duradera nuestras sociedades occidentales, sin que se haya producido una resistencia real.
Venezuela, cuando la renta compra el silencio
Ese no es un problema unicamente occidental. Por ejemplo, entre 2004 y 2013 en Venezuela, la renta petrolera financió las Misiones sociales de Hugo Chávez (salud, alfabetización, alimentación subvencionada), mejorando de forma tangible el día a día de buena parte de la población en ese momento.
Durante esa misma década de confort material, Chávez neutralizó metódicamente los contrapoderes y la población no decía nada. Por ejemplo, doce jueces afines añadidos al Tribunal Supremo en 2004, el principal canal opositor, RCTV, privado de licencia en 2007, un Consejo Electoral vaciado de independencia. Hubo poca resistencia, porque el nivel de vida subía, y con esto, el individualismo.
La cuenta llegó tras el desplome de los precios del petróleo, con una hiperinflación que se midió en millones por ciento, una economía exangüe y 7,7 millones de venezolanos lanzados a los caminos, la mayor crisis de desplazamiento del hemisferio occidental en un siglo. La elección de 2018, considerada ni libre ni justa, no hizo más que ratificar una captura iniciada quince años antes.
La cuenta siempre llega
Europa no está ahí, pero ya paga su parte, con una presión migratoria mal gestionada y dolorosa, una inseguridad generalisada, o el crecimiento anémico desde hace quince años. Son las consecuencias de un exceso de Socialismo, pero también, de una desatención prolongada, mientras los ciudadanos disfrutaban de un Estado que proveía a todo sin que tuvieran que ocuparse de nada.
Dar marcha atrás es difícil, precisamente porque ese poder no se sostiene por la fuerza, sino por la costumbre y la inercia administrativa.
Para mejorar la situación, hará falta mucha paciencia para desmontar todo, pero la paciencia no funciona hoy, porque la gente se ha acostumbrado a tenerlo todo al instante. Lo hemos visto en España, donde los ciudadanos votaron en contra del PSOE en 2011, por su mala gestión, pero le dieron muy poco tiempo a Rajoy para mejorar la situación. Al ver que los cambios no se producían con la rapidez que ellos deseaban, volvieron al PSOE, con los resultados que vemos actualmente.
Europa y Venezuela demuestran que el confort nunca es gratuito, se paga, un día, con intereses. La facilidad es enemiga de la buena política.