Este 13 de septiembre, una escena surrealista tuvo lugar en el Delta del Tigre: una "caravana náutica" con banderas de Palestina, kayaks, stencils de sandía, kufiyahs y música militante. Todo muy emotivo, muy visual, muy instagrameable. Pero si alguien cree que esto tiene algún impacto real en el conflicto de Medio Oriente, lo lamento: fue pura pirotecnia simbólica para alimentar a Pallywood.
No es una acción para cambiar la opinión de los vecinos de Tigre. No está dirigida a los habitantes de la isla. Ni siquiera a la opinión pública argentina. Todo esto está pensado para un solo objetivo: generar fotos, videos, reels, y contenido viralizable que se sume al relato global contra Israel.
Desde hace tiempo, el conflicto palestino-israelí se ha convertido en un campo de batalla simbólico. Los militantes ya no buscan influir con argumentos o con hechos: buscan construir imágenes. Lo importante no es la verdad, sino la percepción. No importa si Hamás es una organización terrorista que viola todos los principios del derecho internacional. Lo que importa es cuántas veces logres colar la palabra "genocidio" en una bandera. O cuán viral sea tu cartel hecho con marcador.
La navegación solidaria en el Tigre, titulada con la poética frase "Desde todos los ríos hasta todos los mares", no busca movilizar conciencias locales. Busca que, en alguna red social del norte global, alguien vea la foto y diga: "Wow, en Argentina también hay una marea humana en apoyo a Palestina". Es puro marketing ideológico.









