El gasto público ya está en niveles de 2007. En menos de dos años se revirtió la orgía de despilfarro que el kirchnerismo aplicó durante casi dos décadas. La motosierra, lejos de ser un gesto simbólico, se convirtió en el arma quirúrgica que devolvió racionalidad a un Estado tomado por parásitos. La motosierra es infinita… porque infinito fue el saqueo.
Mientras la vieja política llora por los recortes, la realidad muestra algo que sus militantes jamás reconocerán: la inflación mayorista de octubre fue del 1,1%, acumulando solo 21,3% en el año, cuando en octubre de 2023 trepaba al 7,6%. No es magia, no es suerte, no es relato. Es disciplina fiscal, es fin del curro de los amigos del poder, es el retorno a un país donde el precio no depende del capricho de un burócrata sino del esfuerzo del que produce.
Pero no es sólo el orden fiscal: el país se está reconstruyendo. Dos empresas se harán cargo de casi 700 kilómetros de rutas del Mercosur, un corredor crucial para el comercio internacional. La obra pública dejó de ser el refugio de coimeros y fabricantes de cuadernos truchos, para convertirse en lo que siempre debió ser: infraestructura financiada por privados, sin barro político, sin retornos, sin bolsos revoleados en conventos.
En ese mismo camino, Aeropuertos Argentina 2000 anunció una inversión de más de USD 26 millones para duplicar la capacidad operativa del aeropuerto de Córdoba. La apertura de los cielos no solo trajo más competencia: trajo récord de pasajeros, nuevas rutas, más empresas, más trabajo. La Argentina que se abría al mundo volvió a despegar.
También la economía real empieza a respirar y los consumidores lo hacen saber. El Índice de Confianza del Consumidor subió 8,8% en noviembre, continuando con el alza del 6,3% en octubre. El consumo masivo también creció un 3,2% intermensual y 2,2% interanual, con explosiones en autoservicios (+6,9%) y e-commerce (+14%). Se terminó el verso K de “el consumo está muerto”. El consumidor votó con el bolsillo y eligió libertad.








