La Derecha Diario logo
ENX logoInstagram logoYouTube logoTikTok logo
POLÍTICAOPINIÓNINTERNACIONALESECONOMÍADEPORTESENTRETENIMIENTODERECHA DIARIO TV
  • ENXInstagramYouTubeTikTok
  • DERECHA DIARIO TV
  • Secciones
  • POLÍTICA
  • OPINIÓN
  • INTERNACIONALES
  • ECONOMÍA
  • DEPORTES
  • ENTRETENIMIENTO
  • NEGOCIOS & FINANZAS
  • SOCIEDAD
  • CÓRDOBA
  • Países
  • La Derecha Diario México logoLA DERECHA DIARIO MÉXICO
  • La Derecha Diario Uruguay logoLA DERECHA DIARIO URUGUAY
  • La Derecha Diario Ecuador logoLA DERECHA DIARIO ECUADOR
  • La Derecha Diario Bolívia logoLA DERECHA DIARIO BOLÍVIA
  • La Derechadiario República Dominicana logoLA DERECHADIARIO REPÚBLICA DOMINICANA
  • La Derecha Diario Israel logoLA DERECHA DIARIO ISRAEL
  • La Derecha Diario Estados Unidos logoLA DERECHA DIARIO ESTADOS UNIDOS
  • Temas
  • GUERRA EN IRÁN
  • El Diario
  • QUIENES SOMOS
  • AUTORES
  • PUBLICIDAD
  • DONAR

El “Día de la Memoria” como herramienta de poder

El “Día de la Memoria” como herramienta de poder
El “Día de la Memoria” como herramienta de poder
porJuan Gabriel Flores
Opinión

El Kirchnerismo reemplazó al debate y convirtió la memoria en una herramienta de disciplinamiento político.

Compartir:

Cada 24 de marzo, la Argentina dice recordar. Pero hace tiempo que dejó de hacerlo. Lo que se conmemora ya no es un hecho histórico: es un relato que cuidadosamente se construyó, promovió y sostuvo desde el poder. El kirchnerismo convirtió la interpretación del pasado en un instrumento político.

Recordar dejó de ser un acto libre para convertirse en un gesto de adhesión. Se instaló la idea de que había una única lectura válida, una única narrativa legítima, un único marco moral permitido. Salirse de ese esquema no era debatir: era desviarse. Y desviarse tenía costo. No siempre explícito, pero sí real. Porque el control no operó sólo por imposición directa, sino también a través de incentivos, señales y castigos simbólicos que fueron alineando conductas.

Así, lo que debía ser un proceso abierto de interpretación terminó transformado en un sistema de validación política. No se trataba de comprender, sino de repetir. No se trataba de pensar, sino de demostrar pertenencia.

Esto no implica negar lo ocurrido ni relativizar la gravedad de los hechos. Implica reconocer que el Estado no se limitó a recordar, sino que avanzó sobre el terreno más delicado de todos, el de definir cómo debía pensarse ese pasado. Y ahí aparece el problema de fondo.

Nadie puede centralizar algo que, por naturaleza, está disperso. El pasado no existe como un bloque único listo para ser interpretado desde arriba. Existe en las miradas, en las preguntas, en las dudas y en las interpretaciones de millones de personas. Cuando el poder intenta fijar una versión oficial, no solo cierra el debate: empobrece el conocimiento. Reduce lo complejo a lo conveniente. Reemplaza la búsqueda por la consigna.

Por eso, cuando se define qué se puede pensar, también se define qué queda fuera. Y lo que queda fuera no desaparece: se silencia. La historia deja de ser una herramienta para entender y se convierte en un límite invisible que condiciona lo que puede decirse sin costo.

En ese contexto, el 24 de marzo dejó de ser un espacio de reflexión para transformarse en un ritual. Un ritual donde lo importante no es comprender, sino alinearse. Donde la repetición reemplazó al análisis y la pertenencia desplazó al pensamiento crítico. No se buscó memoria: se buscó disciplina.

Durante años, el kirchnerismo administró ese esquema. Definió qué versiones eran aceptables y cuáles debían ser marginadas. Convirtió el disenso en un costo y la coincidencia en una señal de legitimidad.

Pero ningún intento de ordenar lo que es, por naturaleza, abierto e incierto puede sostenerse indefinidamente. No porque aparezca una nueva versión oficial, sino porque empieza a romperse algo más profundo: la idea de que alguien puede decidir qué debe pensar el resto.

Eso es lo verdaderamente disruptivo del momento actual. No es el reemplazo de un relato por otro. Es el cuestionamiento mismo de que exista una autoridad capaz de fijarlo. Es recuperar algo más básico: la posibilidad de interpretar sin permiso.

Porque una sociedad libre no necesita guiones. Puede convivir con versiones distintas, con tensiones, con incomodidades. Puede discutir sin miedo, sin sanción y sin la obligación de alinearse para evitar quedar afuera. No busca unanimidad: tolera el conflicto.

La memoria, cuando es libre, no es ordenada ni prolija. Es fragmentada, incómoda, a veces contradictoria. Y justamente por eso no puede ser administrada.

Durante años se intentó lo contrario. Se quiso convertir el pasado en un recurso político, en una herramienta para ordenar el presente y disciplinar el futuro. Pero ese intento parte de una premisa equivocada: que alguien tiene derecho —y capacidad— para decidir cómo deben pensar los demás.

Y ese es el verdadero punto en discusión. No se trata solo de abrir el debate. Se trata de rechazar la idea misma de que el poder pueda cerrarlo. Libertad para reflexionar. Libertad para disentir. Libertad para incomodar.

Sin esa libertad, el pasado deja de ser una búsqueda y se convierte en una consigna. Y cuando eso ocurre, lo que se pierde no es solo la memoria. Se pierde algo mucho más importante: el ejercicio de pensar.

Y recién cuando esa capacidad se recupera, el pasado deja de ser una herramienta de poder y vuelve a ser un campo abierto, donde nadie tiene el monopolio de la verdad.


Temas:

Día de la MemoriaOpiniónArgentinaKirchnerismo

Noticias relacionadas

La inflación no está bajando: ya fue derrotada

La inflación no está bajando: ya fue derrotada

Cuánta plata le perdonó la Justicia a Lázaro Báez al interpretar mal la Ley de Inocencia Fiscal

Cuánta plata le perdonó la Justicia a Lázaro Báez al interpretar mal la Ley de Inocencia Fiscal

La ilusión regulatoria frente a la inteligencia artificial

La ilusión regulatoria frente a la inteligencia artificial

Argentina vuelve al mapa del capitalismo

Argentina vuelve al mapa del capitalismo

El privilegio estatal que destruyó la economía argentina

El privilegio estatal que destruyó la economía argentina

Otro cambio de último momento: Lionel Scaloni convocó a Agustín Giay para reemplazar a Montiel

Otro cambio de último momento: Lionel Scaloni convocó a Agustín Giay para reemplazar a Montiel

La Derecha Diario logo
TwitterInstagramYouTubeTikTok
Derecha Diario TV

Nosotros

  • Quienes Somos
  • Autores
  • Donar

Privacidad

  • Protección de datos
  • Canales
  • Sitemap

Contacto

  • info@derechadiario.com.ar
PUBLICIDAD