El Ministerio de Educación impone nuevas restricciones. Prohíbe grabar en aulas y limita el uso del celular bajo control estatal.
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El Ministerio de Educación de Córdoba presentó un nuevo marco para el uso de celulares en las escuelas. En apariencia, busca “ordenar” el uso de dispositivos digitales. En la práctica, abre la puerta a una regulación ideológica sobre la comunicación y la propiedad privada dentro del aula.
El documento oficial permite utilizar los celulares solo con fines pedagógicos y bajo autorización del docente. Esto implica que el Estado determina cuándo y cómo puede emplearse un bien personal. La excusa pedagógica se transforma en una herramienta para imponer control sobre la libertad individual.
Además, el texto prohíbe expresamente grabar o fotografiar sin consentimiento. Una cláusula que, lejos de proteger la intimidad, actúa como escudo frente a denuncias por adoctrinamiento en las aulas.
Durante años, los celulares fueron también una forma de defensa para los estudiantes frente a abusos o discursos partidarios.
Del aula libre al aula vigilada
Durante años, los celulares fueron también una forma de defensa para los estudiantes frente a abusos o discursos partidarios. Gracias a esas grabaciones, se expusieron docentes que insultaban a Milei o repetían consignas ideológicas ante menores de edad. Con esta nueva regulación, esas pruebas podrían desaparecer.
El Gobierno provincial presenta la norma como una forma de “garantizar un entorno educativo ordenado”. Pero en los hechos, elimina toda posibilidad de registrar situaciones donde la autoridad se use para bajar línea política. El mensaje es claro: callar, obedecer y no documentar.
El resultado es un aula controlada, donde el docente tiene poder absoluto y el alumno pierde una herramienta de defensa. Una paradoja en una democracia que debería promover la transparencia y la libre expresión.
El Ministerio de Educación de Córdoba presentó un nuevo marco para el uso de celulares en las escuelas. En apariencia, busca “ordenar” el uso de dispositivos digitales.
El avance sobre la propiedad privada
El texto oficial también establece que cada usuario será responsable de su dispositivo, pero no podrá usarlo libremente. Es decir, el Estado reconoce la propiedad, pero niega el derecho a ejercerla. Una contradicción que se acerca más al socialismo del siglo XXI que a una política educativa moderna.
Los celulares no son del Estado ni del sistema educativo. Son bienes privados, adquiridos con esfuerzo por las familias. Regular su uso bajo criterios políticos o ideológicos constituye un avance sobre la propiedad privada, disfrazado de “regulación pedagógica”.
En lugar de fomentar el pensamiento crítico, el Gobierno opta por imponer restricciones. El objetivo no parece ser educar, sino controlar el entorno donde se forma la próxima generación.
Es decir, el Estado reconoce la propiedad, pero niega el derecho a ejercerla.
Una excusa para censurar
Las autoridades aseguran que la medida busca “evitar distracciones”. Sin embargo, el tono del documento y su énfasis en las filmaciones muestran otra intención. Proteger a los docentes de ser grabados mientras difunden ideas contrarias al gobierno nacional, hoy encarnado por Javier Milei.
Córdoba sigue así una lógica de control cada vez más común en los sistemas educativos progresistas. En lugar de enseñar libertad, se instala la obediencia y el silencio. Lo que se prohíbe no es el celular, sino la evidencia.
Bajo el argumento del orden, se construye una escuela cerrada al escrutinio público. Y con ello, se garantiza impunidad a quienes usan el aula para fines políticos.
Esto implica que el Estado determina cuándo y cómo puede emplearse un bien personal.