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Revolución de Mayo: ¿Cómo vivió Baltasar Hidalgo de Cisneros en 25 de Mayo de 1810?

Revolución de Mayo: ¿Cómo vivió Baltasar Hidalgo de Cisneros en 25 de Mayo de 1810?
Revolución de Mayo: ¿Cómo vivió Baltasar Hidalgo de Cisneros en 25 de Mayo de 1810?
Imagen de Juan Pablo Bustos Thames
porJuan Pablo Bustos Thames
Opinión

El tiempo y la historia le darían la razón sobre las últimas miras de los revolucionarios de Buenos Aires.

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Proclamada la Primera Junta de Gobierno, por el Cabildo de Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810, es interesante saber cómo vivió el virrey cesante, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, estos acontecimientos que terminaron su gestión como última autoridad virreinal en el Río de la Plata.

El propio Cisneros, en un memorial que escribió, al poco tiempo, dirigido a la Regencia de Cádiz, expresaba que; luego de deliberar el Cabildo porteño sobre la renuncia de los miembros de la Junta proclamada el día anterior; que no duró ni veinticuatro horas; intentó sostener la misma a todo trance. Sin embargo, al ver el Ayuntamiento que esta decisión carecía de apoyo militar; y que la efervescencia en las calles era mayúscula; se vio obligado a ceder y a aprobar la constitución de una nueva Junta, que figuraba en un petitorio que los manifestantes de la Plaza le habían hecho llegar.

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Baltasar Hidalgo de Cisneros (Museo Naval de Madrid)

Narra don Baltasar: “En la mañana del día 25, el Cabildo, á oír esta nueva solicitud, se juntó en su sala, no á sino á condescender con cuanto demandaban los que, agolpados con armas, a las puertas del Ayuntamiento, intentaban entrarse en la sala capitular, y exigían resolución sobre el seguro de que tenían las tropas de su parte.

Puesto el Cabildo en tan estrecho apuro, me envió una diputación verbal, con dos regidores y el escribano del cuerpo, á que hiciese absoluta dimisión del Gobierno, sin traba ni alguna, porque de otra suerte no respondía de mi vida, ni la tranquilidad pública; convine en la dimisión, presente el asesor general del Virreinato como lo estuvo; á todos los actos anteriores, pero exigí que el escribano sentase mis formales protestas de la violencia y fuerza que padecía; más me replicaron los diputados que de ninguna manera estampase protesta alguna, porque se hallaban en la necesidad de imponer a los pretendientes de mi llana contestación y que estaban puestos en el conflicto más arriesgado.

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Tuve por fin que ceder á esta escandalosa violencia, contentándome con el testimonio y certificado que la Diputación ofreció darme de este lance, con fe de escribano, y que he pedido al Cabildo, con testimonio, de todo el expediente, el cual pondré á las reales manos de V. M. cuando se me franquee.

Depositado nuevamente el Gobierno en el Cabildo, con cuya representación querían los facciosos autorizar sus desórdenes, y viéndose el Cuerpo Municipal en igual estado de coacción que yo, no hizo más que prestar su aprobación á la solicitud del partido, cuyos caudillos le designaron, por escrito, los sujetos que debían componer la Junta de Gobierno; y así la creó el Ayuntamiento, según aparece del impreso núm. 6°). Publicóse nuevo Bando, avisando pueblo esta tercera novedad, y quedó así establecido el actual Gobierno Superior de las Provincias del Río de la Plata, compuesto del presidente, que lo es el teniente coronel de Milicias, don Cornelio Saavedra, seis Vocales, que son el coronel de Milicias Provinciales don Miguel Azcuénaga, don Manuel Belgrano Pérez, secretario del Consulado, don Juan José Castelli, abogado particular, el presbitero don Manuel Alberti, párroco de San Nicolás, Don Pedro Mateu y don Juan Larrea, mercaderes y por secretarios los abogados don Mariano Moreno y don Juan José Passo”.

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Primera Junta (Francisco Fortuny)

Es decir, apremiado el Cabildo por la imparable agitación popular, y temiendo por la integridad de sus miembros y la familia de Cisneros, el cuerpo municipal decidió ceder y aprobar lo que le ponían en frente.

El ex Virrey Cisneros diría sobre la Primera Junta y su intolerable connivencia con los británicos que se encontraban en esos días en Buenos Aires: “En todos actos públicos concernientes a la instalación y reconocimiento de la Junta, han sido llevados, por vía de mayor solemnidad, los oficiales ingleses que aquí existen, y el día del juramento, correspondieron los buques de éstos, y aun los de los ingleses particulares, á la salva de la plaza; siendo también muy de extrañar que, sin noticia y seguramente, contra las intenciones de su corte, hayan aprobado públicamente este trastorno y hasta facilitado embarcaciones á la Junta para el envío de sus comisionados que, según dicen, se dirigen a Londres”.

Prosigue narrando don Baltasar: “En los días 26 y 27 de mayo exigió la nueva Junta un solemne y público juramento de reconocimiento y obediencia a todos los Tribunales, Cuerpos de empleados y tropas; el cual se verificó en la Sala del Ayuntamiento; habiéndolo prestado, con las más serias protestas, el decano de la Real Audiencia, el Alcalde ordinario de primer voto por el Cabildo, y un contador de cuentas por el Tribunal de éstas; y sin embargo, de tan pública resistencia de las limitaciones y restricciones con que los magistrados y empleados juraron en aquel acto, y de no haber asistido más pueblo en la plaza principal que la tropa y un cortisimo número de plebe, llevada de la curiosidad; la Junta ha pintado esta función en sus papeles públicos como la más solemne y consagrada por la aclamación del pueblo, según se deja ver en la Gaceta impresa núm. 9; debiendo notar de paso, V. M., que también se ha publicado este periódico, con el título de Gaceta de Buenos Aires, para ir de este modo, adquiriéndose la Junta, ó usurpando, los derechos, ó por lo menos, el aparato y exterioridades de suprema.

Y efectivamente, ella ha empezado las funciones de su Gobierno, ejercitando actos de verdadera soberanía, que sólo son reservados á la Suprema Potestad de V. M. Retiró de su empleo al asesor general de este Virreinato, don Juan de Almagro, con mil pesos de sueldo. Ha librado á los comandantes de estos Cuerpos voluntarios de Milicias Urbanas depachos de coroneles de ejército, con tratamientos y sueldos de tales. Dió á su presidente don Cornelio Saavedra el tratamiento de Excelencia y ha hecho á sus Vocales la asignación de sueldos”.

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Jura de los integrantes de la Primera Junta de Gobierno ante el dosel del Cabildo porteño

Don Baltasar destilaba un entendible resentimiento hacia quienes lo habían sucedido en el mando del Virreinato; en especial a su Presidente: “formaron otra nueva junta con presidente al comandante del Cuerpo de Patricios, dejándole en el goce de todos los honores del virrey que disfrutaba como consta de los documentos correspondientes que conserva”

En este pasaje, Cisneros lamenta que los homenajes que hasta entonces había recibido él, como máximo representante del Rey, pasaron directamente al flamante titular de la Primera Junta de Gobierno, Cornelio Saavedra.

Más adelante, reafirma su resentimiento contra el presidente del Primer Gobierno Patrio: “Confieso á V. M. equivoqué mi anterior concepto que había fundado en las repetidas seguridades que me tenían hechas los comandantes especialmente Saavedra, así de palabra, como en escrito que conservo, de que sostendrían mi autoridad, hasta el último extremo, como lo habían ejecutado con mi antecesor; pero la conspiración contra éste, por los europeos en 1° de enero de 1809”.

En otro fragmento de su descargo, dirá el ex virrey que Cornelio Saavedra heredó: desde su residencia, hasta su escolta, honores y demás privilegios; lo cual detonaría en una escandalosa pelea interna, dentro del Primer Gobierno Patrio, meses después: “El presidente habita en el Real Fuerte, de donde me obligó á trasladarme á una casa particular; tiene la misma guardia y recibe los mismos honores que un Virey; este numeroso pueblo está oprimido; yo le haría una injusticia si no asegurase á V. M. de su lealtad y verdadero patriotismo; ha sido sorprendido por la fuerza y sólo busca un momento favorable para sacudirse de una tan inesperada é inaudita violencia; nunca he sido más obsequiado y respetado del vecindario, que cuando me veo despojado del mando, y es que su fidelidad respeta en mí la verdadera representación de V. M., al mismo tiempo que detesta, por modos bien notorios, la autoridad de la Junta”.

 

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Otro aspecto a destacar de Cisneros es que, al igual que diversos encumbrados líderes realistas, no se engañaba con respecto a las miras últimas de los revolucionarios; que era alcanzar la independencia de estas colonias; pese a que el pretexto público era que la revolución se hacía para conservar estos dominios para Don Fernando VII.

A tal fin, nos dice: “que la mayor parte del vecindario, así europeos como criollos, observando las siniestras ideas de la Junta dirigidas a la Independencia, que muy luego de su instalación empezó a manifestarlas con sus escritos y providencias, disgustados con tal conducta deseaban y trataban de oponer medios de fuerza contra ella, se decidió buscar los posibles [medios] para fugarse a Montevideo donde le aseguraban sería obedecido y desde donde podría contener las demás provincias del virreinato, al efecto trató con el gobernador, Cabildo y comandante de Marina por medio de un emisario que vino de aquella plaza, del modo que podría verificarse [la planeada fuga], aunque lo dificultaba la suma vigilancia con que se observaba su persona”.

En otro pasaje de su extenso memorándum, dirigido a la Regencia hispana, Cisneros reitera esta creencia, a escasos días de haber sido depuesto de su cargo: “lo que es más, el concepto que formaron de la total pérdida de esa metrópoli, de donde, por consecuencia, no podían esperar premios, ni temer castigos, es lo que los decidió á un tan escandaloso atentado, cuyo objeto es el de una absoluta independencia de estas Américas; y los medios, la violencia, la seducción, la usurpación de los derechos de las provincias interiores; sin cuyo consentimiento se han erigido en Gobernadores suyos seis particulares, al auxilio de la fuerza de las armas, y otras mil iniquidades, que por lo menos han de producir necesariamente: desórdenes, conmociones populares, trastornos, partidos y dispendio de Vuestra Real Hacienda, con cuyas consideraciones creo indispensable la necesidad en que se halla V. M. de remitir, sin pérdida de momento, por lo menos, dos mil hombres de tropa con buenos y probados oficiales, que impongan el respeto y restablezcan la subordinación; pues con esta provincia y con el desengaño de la corte de Londres; con cuya protección han contado estos miserables é inexpertos faccionarios, se remediarán todos los males, y quedarán asegurados estos dominios de V. M., que de otra suerte peligran y están próximamente expuestos, ó á ser la presa de la ambición, ó á ser víctima de su misma disolución”.

Cisneros está convencido de que el movimiento de Mayo apunta, en última instancia, a independizar estos dominios de la Corona de Castilla. Siente que fue un golpe de mano de una banda de porteños audaces; que aprovecharon que España se encontraba luchando contra Napoleón, para hacerse del poder, sin contar con el concurso de los pueblos de las provincias; fundados en la complicidad de los comerciantes y los marinos ingleses. Estima que, con una expedición de dos mil hombres, podría reencauzar los asuntos en Buenos Aires y sofocar al movimiento revolucionario, antes de que se extienda peligrosamente hacia el resto de las provincias. El tiempo y la historia le darían la razón sobre las últimas miras de los revolucionarios de Buenos Aires; no así con la facilidad que él veía de sofocar este incipiente movimiento; que terminaría, a la postre, independizando de España, todo el Cono Sur americano.


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