El peor presidente de la historia calificó de “show” el reclamo de soberanía de Milei y aseguró que la Argentina está “absolutamente desarmada”, mientras defendió la posición británica sobre las Islas.
La histórica y patriótica cadena nacional brindada por el presidente Javier Milei para resguardar la soberanía del Atlántico Sur sigue desnudando las peores miserias de la oposición colectivista. El fin de semana, el nefasto expresidente kirchneristaAlberto Fernández reapareció públicamente para ponerse de manera explícita del lado de los usurpadores británicos.
En un intento desesperado por desmerecer la implacable ofensiva legal y económica del Gobierno libertario contra las petroleras ilegales, el exmandatario calificó los anuncios de soberanía como un "show", tildó con insolencia de "payaso" al jefe de Estado argentino y, en un sincericidio que indignó a la sociedad, se vanaglorió de haber desarmado por completo a la Nación.
La capitulación de Alberto Fernández ante la corona británica quedó expuesta de forma brutal cuando, en declaraciones radiales, emitió un mensaje de tranquilidad para los usurpadores: "que los ingleses no se preocupen porque la Argentina está absolutamente desarmada".
Con absoluta falta de decoro nacional, el expresidente utilizó el estado de vulnerabilidad militar en el que el kirchnerismo sumió al país durante décadas como un argumento para congraciarse con el invasor. En su verborragia derrotista, cuestionó con vehemencia la histórica adquisición de los cazas de combate por parte de la gestión de Javier Milei, catalogando la compra de los 24 aviones F-16 como "un desfalco".
Según su insólita apreciación, estas aeronaves de superioridad aérea son "un vejestorio, que no sirven para nada" y afirmó que son "aviones de 40 años que vinieron sin ninguna tecnología porque les quitaron toda la tecnología de la OTAN antes de venir a la Argentina".
Llevando su sesgo anti-patria a niveles intolerables, Alberto Fernández pretendió justificar la inacción colonial atacando la salud mental del actual mandatario, al que definió como un presidente "delirante, tan absurdo, tan ridículo".
Asimismo, intentó trazar un paralelismo malicioso con el pasado al comparar la firmeza de la actual administración con la dictadura militar, afirmando que la fe en el apoyo de los Estados Unidos o el repliegue británico "eso lo creyeron solamente dos energúmenos: uno se llamó [Leopoldo] Galtieri y el otro se llamó Milei. Es ridículo todo esto".
En su afán por desalentar cualquier reclamo de soberanía real y soberano frente al mundo, el expresidente kirchnerista desestimó la alianza de la Argentina con el Occidente libre preguntando con cinismo: "¿alguien seriamente piensa que Estados Unidos se va a enfrentar a Inglaterra?".
Para maquillar el fracaso rotundo de su propia gestión internacional, el referente kirchnerista intentó adjudicarse falsas glorias diplomáticas y de gestión. Aseguró que las duras penalidades impuestas por el actual Gobierno "son cosas que ya ocurrieron" y que "una de esas empresas fue sancionada en mi gestión con 20 años de inhabilitación para operar en Argentina".
También ensayó una burda defensa de sus intervenciones ante la ONU, el G20 y el G7, recordando con soberbia un supuesto encuentro bilateral donde el ex primer ministro británico "Boris Johnson me había pedido una reunión". En el colmo de la audacia, Alberto Fernández intentó expropiarle el mérito al presidente Javier Milei sobre la edificación militar en el sur: "la base militar de Tierra del Fuego la ordené construir yo".
El Gordo Dan sobre Alberto
Acusó falsamente al mandatario de haber "diluido" el Fondef y criticó que la iniciativa hoy se proyecte en conjunto con la jefa del Comando Sur norteamericano para consolidar una "base conjunta norteamericana y argentina".
Finalmente, el ex líder del PJ intentó subirse de forma demagógica al fervor popular del Mundial 2026, criticando al Ministerio de Seguridad por supuestamente desalentar que la selección argentina desplegara banderas de Malvinas. Calificó la prudencia oficial de "chiquilinada", mientras que para atacar el liderazgo de la actual gestión recurrió a la nostalgia histórica recordando que "Illia consiguió algo muy importante, que fue la Resolución 2065".
Sin embargo, el indignante entreguismo del expresidente kirchnerista recibió una respuesta fulminante que lo sepultó políticamente. El influyente asesor presidencial, Santiago Caputo, utilizó sus redes sociales para destruir y humillar al exmandatario con una contundencia demoledora. Con la firmeza doctrinaria que caracteriza al espacio oficialista, Caputo sentenció: "No se me ocurre nada más cipayo que salir a ponerte del lado del Reino Unido simplemente para oponerte al Presidente Javier G. Milei".
Sin dejar espacio a la especulación de los sectores antipatrias, el estratega gubernamental remató exponiendo la decadencia moral del populismo: "A esto ha quedado reducido el kirchnerismo: un grupito minúsculo que no representa a nadie al servicio de intereses extranjeros". El mensaje de la nueva Argentina de la libertad es claro y categórico: la soberanía nacional es sagrada, el desarme kirchnerista se terminó, y la defensa de la patria ya no se negocia con los cómplices del colonialismo.