Mientras gran parte de la Argentina comienza a mostrar señales concretas de recuperación económica, la provincia de Buenos Aires vuelve a quedar en el centro de las críticas por ir en dirección opuesta al resto del país. El último informe del INDEC confirmó que la actividad económica creció 5,5% interanual en marzo y registró una fuerte suba mensual del 3,5%, impulsada por la recuperación de sectores clave como la industria, el agro, la minería y la construcción.
En medio de ese escenario, Axel Kicillof decidió profundizar su enfrentamiento con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una de las principales apuestas del Gobierno de Javier Milei para atraer capitales y reactivar la economía. Mientras distintas provincias avanzan para captar inversiones y sumarse al nuevo ciclo de crecimiento, Buenos Aires permanece rezagada, con mayor presión impositiva, trabas burocráticas y un modelo económico que cada vez muestra más señales de agotamiento.

Con catorce de los quince sectores de la economía creciendo, el EMAE mostró señales concretas de crecimiento en actividades clave como industria, minería, construcción, comercio y agro. Agricultura y ganadería avanzó 17,9%, minería trepó 16,3% y la industria manufacturera creció 4,6%.
En ese contexto, la situación de Buenos Aires empieza a diferenciarse cada vez con más claridad del resto del país. La provincia gobernada por Kicillof continúa sin adherir al RIGI, mantiene una elevada presión impositiva y acumula cuestionamientos por el deterioro de servicios esenciales, inseguridad y trabas burocráticas que desalientan inversiones privadas.









