En Argentina, la figura del séptimo hijo varón está rodeada de mitos y supersticiones. Sin embargo, existe una insólita ley nacional que convirtió esta tradición en una política de Estado. El presidente Javier Milei quiso eliminarla pero el Congreso rechazó la iniciativa.
Se trata del Padrinazgo Presidencial, que obliga al presidente de turno a convertirse en padrino de cada séptimo hijo varón nacido en el país. Una mezcla de historia, creencias populares y beneficios concretos.
El origen: supersticiones y tradición europea
La idea del lobizón proviene de la cultura guaraní, que describía a un ser mitad humano y mitad bestia, condenado a alimentarse de cadáveres. Esa superstición se unió a otra tradición llegada de Europa del Este.

En Rusia, los zares apadrinaban al séptimo hijo para evitar que fuera abandonado, ya que se creía que podía transformarse en hombre lobo. Esta costumbre llegó a Argentina con los inmigrantes. Pero lo más ridículo es que se lograron los consensos para convertirla en ley.
Milei quiso derogar esta ley inútil con la Ley Hojarasca. El proyecto de ley creado por Federico Sturzenegger fue enviado al Congreso en 2024, aunque no logró los consensos necesarios para ser promulgada.









