Se conocieron los testimonios judiciales de las mujeres que denunciaron a Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz, ambos empleados del Senado bonaerense y militantes kirchneristas. Las víctimas describen un entramado de abusos sexuales, violencia física, amenazas, manipulación psicológica y sometimiento sistemático bajo la fachada de una supuesta espiritualidad.
La pareja permanece detenida por orden de la fiscal Betina Lacki, titular de la UFI N°2 de La Plata. A fines de diciembre, Lacki los procesó por abuso sexual con acceso carnal agravado, en al menos cuatro hechos ocurridos entre 2015 y 2019. Rodríguez está imputado como autor y Silva Muñoz como partícipe necesaria.

La secta “La orden de la luz”
Según la fiscalía, los abusos se cometieron en el marco de una organización con estructura piramidal denominada “La orden de la luz”. Esta era liderada por Rodríguez, quien se presentaba como una figura divina.
De acuerdo con las denuncias, el acusado se identificaba como “Dios Kiei”. Un supuesto guerrero con poderes sobrenaturales y alcance mundial, al que las víctimas debían servir y satisfacer como parte de su “propósito en la vida”.
A su lado, Daniela Silva Muñoz actuaba como “Sensei” o maestra espiritual, desempeñando un rol clave como facilitadora. Utilizaba su lugar de confianza para persuadir a las víctimas de mantener relaciones sexuales con Rodríguez, argumentando que no podía romperse la “trieja”.
Militancia política y captación de víctimas
Las denunciantes relataron que el vínculo con los acusados se originó en distintos ámbitos, entre ellos la militancia política. La pareja era referente del Movimiento Ciudadano “La Capitana” de La Plata, una agrupación kirchnerista que se define públicamente como “popular, democrática, feminista y latinoamericanista”.
Otras víctimas conocieron a Rodríguez en el ámbito universitario, donde se desempeñaba como ayudante de un profesor de Ciencias Políticas. Una de ellas declaró que el acusado le pagaba los estudios, generándole una dependencia económica que luego utilizaba para presionarla y amenazarla.
También se registraron captaciones en encuentros y eventos de mujeres, donde Silva Muñoz actuaba como referente de Género. Según consta en el expediente, “en clara oposición a las funciones que debería llevar a cabo”, persuadía a las víctimas para que se presentaran en su domicilio o incluso en la propia oficina del Senado, dejándolas encerradas con Rodríguez para que abusara de ellas.

Las tres personalidades: violencia, abuso y amenazas
Uno de los aspectos más perturbadores de los testimonios es la existencia de distintas “esencias” o personalidades que Rodríguez decía encarnar.









