La municipalidad de la ciudad de La Falda, a pesar de jactarse de disponer de áreas supuestamente dedicadas al cuidado y atención de las mujeres en situación de distintos tipos de violencia y de implementar políticas de género dentro del mismo municipio (como la Ley Micaela), cesó las actividades laborales de una empleada por haber denunciado por acoso a un protegido compañero de trabajo.
Si haber favorecido con rentables negocios a empleados municipales no era suficiente, esta vez la municipalidad de La Falda decidió redoblar la apuesta de infringir sus conductas poco éticas, cruzando un límite que desafía, incluso, sus propios parámetros morales y políticos: la última semana de diciembre cesó las actividades laborales de Marina Perciavalle por haber denunciado por acoso en Tribunales, en junio del año pasado, a un protegido compañero de trabajo.
Marina Perciavalle se desempeñaba en el área de protección animal que tiene el municipio, administrando un refugio para perros de la calle, en donde se les brindaba contención, alimento, adiestramiento y eran puestos en adopción para encontrar familias comprometidas que se hicieran cargo de ellos con la responsabilidad debida.
Ella es adiestradora de perros y consiguió buenos resultados con su proyecto: logró transformar un "depósito" para perros, donde sólo los mandaban para morir, en el refugio anteriormente descrito. Durante el desempeño de sus tareas, había evidenciado un profundo afecto y dedicación hacia la defensa de los animales, centrándose en aspectos que iban más allá de su adopción.
Además, fue la persona responsable de idear el proyecto que actualmente se encuentra en funcionamiento en la ciudad, el cual obtuvo la aprobación de las autoridades municipales. El trabajo de Marina Perciavalle, además de encontrar hogares para los animales, consistió en ayudarlos a superar los traumas ocasionados por el maltrato humano, entrenarlos, reconstruir su confianza en las personas y siempre dar prioridad al bienestar tanto del perro como de su adoptante.
Marina sostiene que el resultado del trabajo de 4 años en esa área comenzó con 61 animales y se levantaron de la vía pública a 285. En este contexto, se dieron en adopción a 180 y se encontraron los dueños de 150 perros callejeros. Además, cuenta que en el refugio murieron solamente 4 y terminó el 2024 únicamente con 13 perros. Asimismo, ella realizó un trabajo de adaptación y seguimiento con cada animal dado en adopción.
A pesar de estos grandes resultados conseguidos al cuidado de estos animales desamparados, todo cambió para Marina cuando empezó a recibir acoso por parte de un compañero de trabajo. Según cuenta en una entrevista telefónica a un medio de la ciudad de Cosquín, a raíz de un inconveniente sucedido cambian a la persona que se ocupaba de darle de comer a los perros en el refugio.
Como consecuencia de esto, empezó a tener un hostigamiento telefónico de parte de este hombre (quien le dijo que era oriundo de Mendoza y que venía a vivir a La Falda sin compañía), a pesar de que ella le insistía con que ya no la acosara y que no le gustaba lo que le estaba diciendo.
Sin embargo, el acosador hizo caso omiso a ese pedido, habiendo accedido a su número de teléfono por medio del grupo de WhatsApp que tienen los miembros de seguridad animal. Marina cuenta que le mandaba mensajes subidos de tono a las 3 de la mañana, y que ella seguía insistiendo con que cesara el envío de sus mensajes en tono acosador, pero había una continuidad.
Su jefa era la Directora de Relaciones Institucionales, Jorgelina Rial, a quien le comunicó su situación y quien le aseguró que le iba a decir que parara, pero el acosador también hizo caso omiso a este pedido cuando le ordenó que no continuara mandándole estos mensajes.
Entonces se dirigió al área de recursos humanos del municipio, donde habló con la señora Mayra (en la entrevista telefónica no indica su apellido) y le presenta todas las pruebas: esta señora le dice que, si dependiera de ella, lo sacaría instantáneamente al acosador de su puesto de trabajo. Sin embargo, terminó por decirle que no dependía de ella, sino del señor Gonzalo Murúa (Secretario de Gobierno de La Falda y concuñado del intendente).
Seguidamente le solicita a la mencionada señora Mayra una constancia de que lo estaba denunciando a ese hombre, porque el refugio estaba en una zona alejada y no sabía qué es lo que le podía llegar a hacer. Sin embargo, le informa que tampoco se lo pueden dar porque también esa es decisión de Gonzalo Murúa.
Entonces Marina le dice que, si no le daba un certificado, se dirigiría a la policía para hacer la denuncia. Y efectivamente fue lo que hizo: primero iba a realizar una denuncia por acoso, pero en la policía, al presentar ciertos mensajes, le informan que la denuncia debería ser por acoso y amenazas, debido a que existía un mensaje en particular donde el acosador decía que, cuando la encontrara en el refugio, le iba a decir "cosas lindas", a pesar de que ella no quería.
Cuando automáticamente ingresó la denuncia de la policía al municipio Marina recibió un llamado de su jefa, Jorgelina Rial, en donde le comunica que no debía presentarse a trabajar hasta nuevo aviso. Entonces cae en la cuenta de que quien había sido apartada era ella, quien no había hecho nada, sólo denunciar a alguien que la estaba acosando y amenazando.
Desde que denunció a su compañero de trabajo su vida cambió drásticamente, ya que se convirtió en un verdadero caos. Comenzó a trabajar con la psicóloga del área de la mujer de la municipalidad, debido al miedo que le producía ir hasta el refugio y encontrarse con su acosador.
Marina le contó a su jefa, Jorgelina Rial, acerca de este miedo que sentía, pero a ella no le importó, y sólo se limitó a decirle "la que tenés miedo sos vos, Marina, ¿por qué no te pedís el cambio de área o por qué no te vas del área?".
Marina, ante la indiferencia total que su jefa le demostraba con respecto a ese miedo que sentía, quiso contarle una historia personal acerca de un episodio de maltrato que había sufrido para lograr obtener cierta empatía y consideración de su parte y que pudiera entenderla, pero la respuesta que obtuvo por parte de su jefa demostraba incluso menos interés que la respuesta que anteriormente le había proporcionado: "a mí no me interesa tu historia, para eso te pusimos una psicóloga".
Marina afirma no haberse sentido protegida y sufrir el desamparo total por parte de su jefa, quien es una inoperante total en el área que en la está trabajando, ya que ella es odontóloga de profesión.








